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existe vacuna para el alzheimer

La vacuna contra el Alzheimer: ¿qué hay de cierto?


Lo hemos leído muchas veces en los medios y en las redes. Un nuevo descubrimiento nos acerca a la tan deseada vacuna para el Alzheimer. ¿Qué hay de cierto en ello? ¿Estamos tan cerca como algunos titulares pueden dar a entender? Lamentablemente, la respuesta es no, pero nos vamos aproximando esperanzadoramente.

Las informaciones que aparecen a menudo en la prensa sobre avances prometedores en la investigación del Alzheimer suelen estar basadas en los resultados que arrojan investigaciones experimentales en animales. Pero en muchos casos resulta prematuro anunciar resultados positivos en un medicamento que únicamente ha sido probado en animales.

La realidad es que hoy el Alzheimer todavía no se puede curar. El desarrollo de fármacos contra esta enfermedad es un proceso largo, caro y, desgraciadamente hasta ahora, presenta un nivel de fracaso muy elevado.

Los avances logrados hasta la fecha en el desarrollo de medicamentos no han conseguido detener su avance y, mucho menos, revertirlo. Por eso es conveniente ser prudentes ante las noticias que adelantan resultados. A pesar de eso, resulta innegable pensar que la aparición de este tipo de informaciones es esperanzador, ya que nos indica que en todo el mundo se están haciendo esfuerzos para intentar tratar y curar esta enfermedad.

¿Por qué no podemos cantar victoria con los resultados en animales?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que, en general, de todos los estudios que presentan resultados prometedores en animales, tan solo entre un 2 y un 5% pasan a ser evaluados en humanos.

En segundo lugar, porque extrapolar a los humanos los resultados obtenidos en animales es muy complicado. En el proceso de desarrollo de nuevos fármacos se deben superar muchas etapas, desde las primeras pruebas biológicas y de toxicidad en animales (fase preclínica) hasta las distintas fases de los ensayos clínicos en humanos.

Para poder ser comercializado, una vez realizadas las pruebas en animales, un fármaco debe superar, al menos, tres fases de ensayo clínico en humanos.

Una primera fase en voluntarios sanos, en la que se evaluarán aspectos preliminares de tolerancia y se determinarán dosificaciones seguras, así como otros aspectos fundamentales de la acción del fármaco en el cuerpo humano. Es decir, en la primera fase se comprueba, esencialmente, si es seguro. En una segunda fase se ve si funciona. El fármaco se probará en un número limitado de personas que padecen la enfermedad a la que se destina. El objetivo es obtener una primera evidencia de eficacia y datos cruciales de seguridad y utilidad terapéutica. No es hasta la tercera fase, donde se prueba en un número muy superior de pacientes para verificar aspectos de seguridad y eficacia. Si los datos obtenidos son suficientes, se obtendrá el soporte necesario para la autorización del fármaco con indicaciones específicas.

Los resultados se presentan a las agencias reguladoras de medicamentos y, si todo es correcto, el medicamento es aprobado para su comercialización.

La duración del proceso completo suele durar, de media, unos 10 años y tan solo entre el 11 y el 20% de los fármacos probados en humanos que llegan hasta la fase 2, e incluso la 3, acaban superando todas las exigencias y son comercializados.

Todos los intentos farmacológicos para curar el Alzheimer han fracasado

Estas dificultades se ven especialmente acentuadas en el caso de una enfermedad tan compleja y larga, y en la que aún hay muchas incógnitas, como es el Alzheimer.

Uno de los principales objetivos de las decenas de medicamentos que se han ido desarrollando a lo largo de estos últimos 15 años ha sido el de disminuir la acumulación de proteína amiloide en el cerebro, considerada una de las bases patológicas fundamentales del Alzheimer, así como frenar la desestructuración neuronal que provoca la enfermedad.

Aunque algunos de estos fármacos han tenido efectos positivos en la “limpieza del cerebro”, en cuanto a disolución del amiloide, no han mejorado el estado cognitivo de los pacientes. Es decir, no han conseguido revertir o frenar los síntomas de la enfermedad.

Nuevos fármacos para la prevención

Una de las hipótesis sobre la que los investigadores trabajan es la posibilidad de que los medicamentos que han fracasado al ser probados en personas enfermas, con un daño cerebral ya muy avanzado, pudieran ser eficaces si se administrasen en fases muy iniciales de la enfermedad. Estos ensayos clínicos estarían destinados a prevenir la enfermedad, frenando su avance y la aparición de los síntomas.

En la Fundación Pasqual Maragall formamos parte de diversos proyectos internacionales para avanzar en la detección y la prevención del Alzheimer. De hecho, ya están en marcha nuevos estudios, donde participarán miles de voluntarios, para probar vacunas contra esta enfermedad. 

 

Categorías: Investigación, Alzheimer

15.09.2017


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