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Los estudios para saber cómo prevenir el Alzheimer son esenciales para combatir la enfermedad.

¿Cómo se puede prevenir el Alzheimer?


La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia.  Se trata de una enfermedad neurodegenerativa progresiva e irreversible. Y es la primera causa de discapacidad neurológica, causante de grandes costes sociales y económicos en las sociedades modernas. Por ello es clave investigar cómo prevenirla.

En todo el mundo, más de 45 millones de personas padecen Alzheimer u otras formas de demencia. A la enfermedad que sufren  las personas afectadas, hay que sumar, además, el desgaste emocional, de salud y económico que ésta supone para sus cuidadores. Se estima que el coste asociado por cada persona diagnosticada es de 27.000 euros anuales que, en gran parte, asumen las propias familias.

Las proyecciones, además, advierten que el número de afectados por demencia  superará los 130 millones en 2050, según el informe mundial de 2015 de Alzheimer’s Disease International lo que supondrá un coste difícilmente asumible por nuestras sociedades.

El avance en las estrategias de prevención

La clave para hacer frente a este gran reto es descubrir cómo prevenir el Alzheimer. La forma de entender la enfermedad ha evolucionado en los últimos años. Ahora se sabe que el Alzheimer es una enfermedad de larga duración, que empieza a producir daños en el cerebro hasta 15 o 20 años antes de que se manifiesten los primeros síntomas. Esta constatación ha abierto la puerta a investigar sobre cómo prevenir su desarrollo.

En el Barcelonaβeta Brain Research Center de la Fundación Pasqual Maragall se llevan a cabo diversos proyectos de  investigación clínica para conocer mejor cómo se inicia la enfermedad de Alzheimer y de qué manera evoluciona.

Uno de los objetivos más importantes es diseñar estrategias de prevención que nos ayuden a retrasar o incluso frenar la aparición de los síntomas.

Lamentablemente, a fecha de hoy ninguno de los ensayos clínicos de nuevos fármacos para modificar el curso de la enfermedad en personas con Alzheimer han tenido éxito. En este contexto, expertos nacionales e internacionales apuestan por poner en marcha estudios de prevención, tanto primaria como secundaria, dirigidos a personas cognitivamente sanas. Se trata de actuar antes de que se haya producido la pérdida neuronal que conlleva la aparición de los síntomas.

Un estudio realizado recientemente en Reino Unido demuestra que las investigaciones de factores de riesgo y estrategias de prevención recibieron tan solo el 5% de la financiación destinada a demencias. El resto se dedican a la subvención de estudios relacionados con el diagnóstico (11%), la atención y el acompañamiento al enfermo (20%) y a la búsqueda de las causas, la cura y el tratamiento (64%). Esta tendencia, no obstante, está cambiando en los últimos años y los recursos se están reorientando a la investigación de estrategias preventivas.

Prevención primaria: reducir las posibilidades de padecer demencia

En los años cincuenta se pensaba que la arterioesclerosis y el colesterol eran consecuencias inevitables del envejecimiento. Sin embargo, un estudio iniciado en 1945 en la ciudad norteamericana de Framingham nos ha permitido conocer mejor  los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares. Con la aplicación de este conocimiento, la mortalidad por estas causas se ha conseguido reducir globalmente hasta un 70%.

Gracias a este estudio, hoy sabemos que no es la vejez, sino la hipertensión, la diabetes y la obesidad los factores de riesgo que aumentan las posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares. También hemos comprendido que el ejercicio moderado, la dieta y no fumar son claves para su prevención.

En los últimos años se han publicado los primeros estudios que prueban la existencia de oportunidades para hacer prevención primaria en el ámbito de las demencias. Es decir, que existen un conjunto de prácticas que pueden disminuir el riesgo de presentar las causas que probablemente conducirán a alguna de ellas.

Centrándonos en cómo prevenir el Alzheimer, sabemos que lo que es bueno para el corazón, también lo es para el cerebro. Se calcula que adoptando unos hábitos de vida saludables se podrían prevenir casi uno de cada tres casos. . El ejercicio físico, la actividad cognitiva, las relaciones sociales y la dieta tienen un papel muy relevante en la salud de nuestro cerebro.

Existen estudios, realizados en países nórdicos, que han demostrado la disminución de la incidencia de demencia en personas mayores de 65 años que habían incorporado en su vida cotidiana prácticas de prevención para el control de los factores de riesgo cardiovascular.

Prevención secundaria: tratar el Alzheimer antes de que aparezcan sus síntomas

¿Se podrá detener el avance de la enfermedad de Alzheimer algún día? ¿Se conseguirá un fármaco que frene la aparición de los síntomas? Una de las observaciones más frustrantes de los últimos años ha sido ver cómo fracasaban todos los ensayos en Fase 3 de medicamentos novedosos desarrollados a lo largo de los últimos 15 años. Todo apunta a que el fracaso podría estar relacionado con una administración del fármaco demasiado tardía, pues el cerebro ya tendría unas lesiones probablemente irreversibles.

La investigación clínica del Alzheimer se enfrenta a una nueva perspectiva: la de una enfermedad con una fase preclínica silenciosa, que comienza décadas antes de que los primeros síntomas se manifiesten. La prevención secundaria es aquella que se dirige a modificar los procesos de la enfermedad en personas que no presentan síntomas, pero que ya están experimentando cambios cerebrales detectables mediante biomarcadores específicos.

Se trataría, pues, de intervenir en etapas previas, cuando la persona no presenta síntomas, frenando o haciendo más lento el progreso de la neurodegeneración para evitar llegar a la fase de demencia o retrasar al máximo su aparición.

Bajo esta nueva visión, los ensayos clínicos de nuevos medicamentos se están trasladando hacia fases más iniciales de la enfermedad, en personas que no tienen síntomas  pero que presentan un  riesgo elevado de llegar a padecer la demencia.

Este tipo de prevención requiere del estudio y seguimiento de grandes grupos de personas, como el Estudio Alfa de la Fundación Pasqual Maragall. Este estudio permitirá saber más sobre cómo evoluciona la enfermedad ya en su fase preclínica y posibilitará la participación  en ensayos clínicos de nuevos tratamientos preventivos a personas con alto riesgo de desarrollarla.

Por otro lado, estos estudios científicos para prevenir el Alzheimer nos ayudarán también a comprender mejor la relación entre la enfermedad y determinados factores médicos, genéticos o ambientales.

La esperanza está puesta en poder  contar en el futuro con fármacos que modifiquen la evolución de la enfermedad y que se puedan administrar en la fase preclínica del Alzheimer, retrasando la aparición de la sintomatología. Esto, para muchas personas podría significar que quizá nunca llegarían a presentar síntomas.

Se ha estimado que si  se pudiera retrasar cinco años la aparición de los síntomas, el número de personas en la fase clínica (la que conlleva la demencia) podría reducirse  más de un 35%.

Uno de los proyectos más importantes a nivel europeo para ayudarnos a entender cómo prevenir el Alzheimer es el consorcio EPAD (European Prevention of Alzheimer's Dementia), en el que participa el BarcelonaBeta Brain Research Center de la Fundación Pasqual Maragall junto a otras 35 instituciones, con el objetivo de prevenir o retrasar el desarrollo de la enfermedad en personas que se encuentran en riesgo de desarrollarla. EPAD además lidera una estrategia nueva de ensayos clínicos con fármacos para la prevención del Alzheimer.

 

Categorías: Investigación

28.02.2018


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