Estimulación cerebral no invasiva: qué es y qué dice la evidencia ante el Alzheimer
¿Se puede modificar la actividad del cerebro sin cirugía? Sí. La pregunta decisiva es otra: si ese cambio ayuda fuera del laboratorio, por ejemplo, a recordar mejor, seguir una conversación o conservar la autonomía.
En la estimulación magnética transcraneal (EMT), una bobina apoyada sobre la cabeza emite pulsos magnéticos mientras la persona permanece despierta. La estimulación transcraneal por corriente directa (tDCS, por sus siglas en inglés) utiliza electrodos y una corriente muy débil, que suele notarse como un ligero hormigueo. No hay incisiones ni dispositivos implantados.[1]
Las dos técnicas pueden producir cambios medibles en la actividad cerebral. Pero eso no basta: aún no sabemos con suficiente certeza si se traducen en una mejoría útil y duradera. Algunos estudios apuntan en esa dirección; otros no encuentran diferencias frente a una estimulación simulada.
Apuntes clave del artículo
En este artículo explicamos cómo es el cerebro, cómo funciona y qué factores influyen en su salud. Estos son los puntos clave:
- Qué es la estimulación cerebral no invasiva y cómo actúa sobre las redes del cerebro.
- En qué consisten la EMT y la tDCS.
- Qué resultados se han observado hasta ahora en personas con Alzheimer.
- Cuáles son sus riesgos y por qué requieren supervisión profesional.
- Por qué todavía no forman parte del tratamiento habitual del Alzheimer.
¿Qué es la estimulación cerebral no invasiva?
Este nombre reúne técnicas que actúan desde fuera del cráneo mediante campos magnéticos o corrientes eléctricas débiles. No reparan el tejido cerebral ni recuperan las neuronas perdidas. Buscan modificar durante un tiempo la respuesta de determinados circuitos.
El Alzheimer no afecta solo a neuronas aisladas; también altera la comunicación entre las redes que nos permiten recordar, orientarnos o planificar. De ahí nace la hipótesis de que estimular una zona bien conectada podría cambiar temporalmente el funcionamiento de toda la red.
La idea es plausible. Eso no demuestra que un tratamiento funcione. El efecto depende de la zona elegida, la intensidad, las sesiones, la anatomía y la fase de la enfermedad. Además, un cambio en una imagen cerebral o en un electroencefalograma no implica que la persona recuerde mejor o gane autonomía.
¿Cómo funciona la estimulación magnética transcraneal?
La bobina de EMT genera pulsos magnéticos que atraviesan el cráneo e inducen corrientes eléctricas breves, sobre todo en la corteza cerebral más superficial. Cuando se administran en series, se habla de estimulación magnética transcraneal repetitiva (EMTr). El efecto puede alcanzar otras regiones conectadas con la zona estimulada.[2]
Durante la sesión se oyen clics y se percibe un golpeteo bajo la bobina. No se necesita anestesia. La zona que se quiere estimular, llamada diana, se localiza mediante referencias anatómicas o con neuronavegación, un sistema que utiliza la resonancia de la propia persona para guiar la bobina.
El hipocampo, esencial para la memoria, está demasiado profundo para alcanzarlo directamente con la EMT convencional. Por eso se estimulan regiones superficiales conectadas con él, como el precúneo, en la cara interna y posterior del cerebro, o algunas zonas parietales. También se ha estudiado la corteza prefrontal, vinculada a la atención y a funciones ejecutivas como organizar o planificar.
¿Qué resultados se han observado con la EMT?
Los resultados favorables existen, aunque proceden en gran medida de estudios pequeños. En un ensayo de 24 semanas con 50 participantes, la estimulación del precúneo se asoció a un menor empeoramiento en escalas cognitivas y funcionales.[3] El mismo grupo probó después un tratamiento de mantenimiento durante 52 semanas y volvió a observar una diferencia favorable, pero el estudio se hizo en un solo centro: se asignó al azar a 48 personas y solo 32 completaron el seguimiento.[4]
Otro equipo usó la resonancia de cada participante para elegir una zona parietal conectada con el hipocampo. Las pruebas cognitivas y funcionales favorecieron a la estimulación activa, aunque solo 30 personas completaron las ocho semanas.[5]
Estos trabajos justifican que la investigación continúe. No demuestran, sin embargo, que la EMT frene el proceso biológico del Alzheimer. El mayor estudio multicéntrico ofrece el contrapunto: asignó al azar a 156 participantes, analizó a 135 y no encontró que la estimulación activa de la corteza prefrontal superara a la simulada en el resultado principal.[6]
Al reunir la evidencia disponible, la evaluación española de tecnologías sanitarias de 2025 encontró un posible efecto pequeño o moderado en cognición global y memoria a corto plazo o asociativa, pero calificó la certeza de la evidencia como baja. No pudo asegurar su relevancia clínica ni halló beneficios consistentes en autonomía, funciones ejecutivas, síntomas neuropsiquiátricos o calidad de vida.[1]
¿Por qué hay resultados tan distintos? Bajo la etiqueta EMT se agrupan intervenciones que cambian la región, la frecuencia, las sesiones y el uso de entrenamiento cognitivo. Cuando se combinan dos intervenciones, resulta difícil saber cuánto aporta cada una.
También importa la comparación. La prueba decisiva no es que un grupo mejore respecto a su punto de partida, sino que lo haga más que el grupo de estimulación simulada. Repetir los test, esperar un beneficio o mantener un contacto frecuente con el equipo puede influir en ambos.
¿En qué consiste la tDCS?
La tDCS sigue otro principio: hace circular una corriente continua, por lo general de uno o dos miliamperios, entre electrodos sobre el cuero cabelludo. No activa directamente las neuronas, sino que modifica ligeramente su facilidad para responder. Se investiga si la repetición puede favorecer la plasticidad, es decir, la capacidad de las redes cerebrales para cambiar.
Es silenciosa, portátil y más económica que la EMT, lo que permite estudiarla en el domicilio. En esos ensayos, el equipo programa el dispositivo, forma a la persona y a quien la acompaña y supervisa las sesiones. No es lo mismo que usar un aparato por cuenta propia.
Las revisiones no ofrecen una respuesta uniforme. Un metaanálisis de 2025 sobre 19 ensayos observó una ventaja inmediata en cognición global, pero con una heterogeneidad alta y sin un efecto mantenido de forma consistente.[7] Otro, restringido al Alzheimer, no encontró una mejoría significativa de la cognición global.[8]
El ensayo domiciliario más prolongado ofrece un contrapunto relevante. Se asignó al azar a 120 personas con Alzheimer leve y 106 aportaron datos para el análisis principal. Después de seis meses, la tDCS no mejoró la cognición global ni la mayoría de las funciones estudiadas frente a la simulación.[9]
Sí apareció una diferencia en denominación, la capacidad de encontrar el nombre de objetos. Era un resultado secundario y no demuestra una mejoría cognitiva general. Según las personas cuidadoras, la calidad de vida familiar evolucionó peor en el grupo activo. El dato no prueba que la tDCS causara una sobrecarga, pero obliga a medir también el esfuerzo exigido a la familia.
¿Son seguras estas técnicas?
«No invasiva» quiere decir que no hay cirugía. No quiere decir «inocua».
Con la EMT son habituales el dolor de cabeza, las molestias en el cuero cabelludo, la tensión muscular o el cansancio transitorio. Aparecen más que durante la estimulación simulada, aunque suelen ser leves. El ruido exige protección auditiva. El riesgo más relevante es una crisis epiléptica, muy infrecuente con los protocolos actuales. Antes de empezar, el equipo debe revisar los antecedentes neurológicos, la medicación y los implantes metálicos o electrónicos.[10]
La tDCS puede producir hormigueo, picor, enrojecimiento bajo los electrodos o dolor de cabeza. Una mala colocación puede irritar o lesionar la piel. Los datos de seguridad corresponden a los parámetros estudiados y a dispositivos supervisados; no pueden trasladarse sin más a montajes caseros.
Muchos protocolos, además, exigen sesiones durante semanas o meses, desplazamientos o la participación de quien cuida. Esa carga forma parte del balance, aunque no aparezca en una prueba de memoria.
¿La estimulación cerebral no invasiva puede tratar el Alzheimer?
Hoy no puede considerarse un tratamiento establecido del Alzheimer. Su uso en esta enfermedad debe entenderse como experimental, aunque haya centros que ofrezcan estas técnicas. Aún no sabemos qué región estimular, con qué intensidad, cuántas sesiones aplicar ni durante cuánto tiempo.
Los ensayos estudian sobre todo un posible alivio de los síntomas. No hay evidencia clínica sólida de que estas técnicas reduzcan la acumulación de beta-amiloide o tau, detengan la pérdida de neuronas o modifiquen el curso biológico de la enfermedad.
También conviene entender qué significa el marcado CE. Este distintivo indica que un producto sanitario cumple los requisitos aplicables a su finalidad prevista; no equivale a una recomendación clínica ni demuestra por sí solo un beneficio suficiente. Entre 2024 y 2025, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios revisó 25 equipos transcraneales comercializados en España y encontró, para el Alzheimer, un predominio de insuficiencias en la justificación clínica aportada.
Si se recibe una oferta fuera de un ensayo clínico, conviene pedir valoración en una unidad especializada y solicitar información clara sobre el protocolo, la evidencia, la supervisión, los costes y los criterios para continuar o interrumpir las sesiones. Estas técnicas nunca deben sustituir el seguimiento médico ni los tratamientos indicados.
¿Qué falta para saber si realmente funcionan?
Dos personas con el mismo diagnóstico pueden encontrarse en momentos biológicos distintos. Los biomarcadores son medidas de los cambios relacionados con el Alzheimer y ayudan a confirmar el diagnóstico y su fase. Las imágenes y los registros de actividad permiten comprobar si se alcanzó la red prevista. Aun así, no sabemos quién responderá.
También hay que definir mejor la dosis, la diana, el número de sesiones, el mantenimiento y el posible valor del entrenamiento cognitivo. La mayoría de los estudios se ha centrado en fases iniciales, leves o leves-moderadas y no siempre ha confirmado el diagnóstico con biomarcadores. Sus resultados no se aplican sin más a todas las personas con Alzheimer.
Harán falta ensayos más amplios, multicéntricos y con seguimientos de al menos seis o doce meses. Deberán medir lo que ocurre fuera de los test: autonomía, comunicación, calidad de vida y repercusión para quien cuida.
La hipótesis científica es razonable y algunas señales merecen seguir estudiándose. Pero hoy no podemos afirmar que estas técnicas conserven la memoria o la autonomía. Los próximos ensayos deberán aclarar la distancia entre un cambio cerebral medible y una mejoría que se note en la vida diaria.
Preguntas frecuentes
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¿La estimulación magnética transcraneal duele?
No suele ser dolorosa, aunque el golpeteo puede resultar molesto y provocar dolor de cabeza o tensión muscular durante un tiempo. La intensidad se ajusta de forma individual. -
¿Se puede utilizar la tDCS en casa?
Algunos ensayos emplean tDCS domiciliaria con dispositivos programados, formación y supervisión profesional. No es equiparable a utilizar un aparato comercial sin evaluación médica. -
¿La estimulación cerebral no invasiva puede frenar el Alzheimer?
No se ha demostrado que frene el proceso biológico de la enfermedad. Algunos estudios han encontrado diferencias en pruebas cognitivas, pero falta saber si se reproducen y si se traducen en un beneficio duradero para la vida diaria.
Contenido elaborado por el Dr. José María González de Echávarri, neurólogo e investigador del BarcelonaBeta Brain Research Center (Fundación Pasqual Maragall).
La información de este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye el consejo médico. La estimulación cerebral no invasiva es, hoy, una técnica en investigación para el Alzheimer: no es un tratamiento establecido y no debe sustituir el seguimiento ni los tratamientos indicados por el equipo médico.
Referencias y enlaces de interés
- Rivero-Santana A, et al. Estimulación magnética transcraneal repetitiva para trastornos psiquiátricos y neurológicos. Ministerio de Sanidad; Servicio de Evaluación del Servicio Canario de la Salud. 2025.
- Chou YH, et al. Cortical excitability and plasticity in Alzheimer's disease and mild cognitive impairment: a systematic review and meta-analysis of transcranial magnetic stimulation studies. Ageing Research Reviews. 2022;79:101660.
- Koch G, et al.Precuneus magnetic stimulation for Alzheimer's disease: a randomized, sham-controlled trial. Brain. 2022;145:3776-3786.
- Koch G, et al. Effects of 52 weeks of precuneus rTMS in Alzheimer's disease patients: a randomized trial. Alzheimer's Research & Therapy. 2025;17:69.
- Jung YH, et al. Effectiveness of personalized hippocampal network-targeted stimulation in Alzheimer disease: a randomized clinical trial. JAMA Network Open. 2024;7:e249220.
- Moussavi Z, et al. Repetitive transcranial magnetic stimulation as a treatment for Alzheimer's disease: a randomized placebo-controlled double-blind clinical trial. Neurotherapeutics. 2024;21:e00331.
- Prathum T, et al. A systematic review and meta-analysis of the impact of transcranial direct current stimulation on cognitive function in older adults with cognitive impairments: the influence of dosage parameters.. Alzheimer's Research & Therapy 2025;17:37.
- Su S, et al. The effects of transcranial direct current stimulation on cognitive function in Alzheimer's disease: a systematic review and meta-analysis. Journal of International Medical Research. 2025;53:3000605241298303.
- Yang Y, et al. Six-month randomized, double-blind trial of transcranial direct current stimulation in mild Alzheimer's dementia: domain-specific cognitive and neuropsychiatric signals. Frontiers in Neurology. 2026;17:1749559.
- Stultz DJ, et al. Transcranial magnetic stimulation safety with respect to seizures: a literature review. Neuropsychiatric Disease and Treatment. 2020;16:2989-3000.
Dr. José María González de Echávarri Gómez
Neurólogo de la Unidad de Trastornos Neurocognitivos del Hospital Universitari Joan XXIII de Tarragona. Neurólogo, coinvestigador y divulgador de la Fundación Pasqual Maragall.
Neurólogo especializado en trastornos cognitivos, demencias y enfermedades neurodegenerativas. Su actividad clínica e investigadora se centra especialmente en la enfermedad de Alzheimer, con interés en el diagnóstico precoz, los biomarcadores y la caracterización de las fases iniciales de la enfermedad.
Colegio Oficial de Médicos de Tarragona (COMT). Núm. Col.: 4307900.
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