Microinfartos cerebrales: síntomas, diagnóstico y prevención

Microinfartos cerebrales: síntomas, diagnóstico y prevención

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12 marzo, 2026
Índice de contenidos

    Los microinfartos cerebrales son pequeñas lesiones vasculares en el cerebro y su acumulación puede conllevar una disminución de las capacidades cognitivas, incluso ser causa de demencia o contribuir al desarrollo del Alzheimer. Estas lesiones se suelen detectar al realizar una resonancia magnética en el contexto asistencial o de investigación o en estudios neuropatológicos en personas ya fallecidas, lo que explica que su impacto haya sido infravalorado durante años.

    La prevención y detección temprana, de la presencia de microinfartos cerebrales es clave para minimizar su impacto en la autonomía de la persona y favorecer su calidad de vida. En este artículo lo analizamos con más detalle.

    Apuntes clave del artículo

    En este artículo ofrecemos información rigurosa y basada en evidencia científica sobre los microinfartos cerebrales. Los puntos clave que se abordan son los siguientes:

    • Qué son los microinfartos cerebrales y por qué, pese a su pequeño tamaño, pueden tener un impacto progresivo y acumulativo sobre la salud cerebral..
    • Cuáles son las principales causas que los originan, incluyendo la arterioesclerosis y la angiopatía amiloide
    • Qué síntomas pueden producir, cómo evolucionan con el tiempo y qué ocurre especialmente en personas mayores.
    • Cómo evitar los microinfartos cerebrales mediante el control de los factores de riesgo vascular y la adopción de hábitos de vida saludables.
    • Cuál es la relación entre los microinfartos cerebrales y la enfermedad de Alzheimer.

    ¿Qué son los microinfartos cerebrales?

    Los microinfartos cerebrales son minúsculas lesiones vasculares de tamaño variable (alrededor de 0,05 a 3 milímetros de diámetro) y silentes (es decir, que van apareciendo sin dar síntomas), que por lo general son de origen isquémico.

    Es decir: el flujo sanguíneo se reduce o se detiene, dando lugar a una lesión en ese territorio cerebral por falta de oxígeno.

    Estas lesiones microscópicas se localizan en territorios cerebrales irrigados por arterias y arteriolas de pequeño calibre, las cuales suelen ser áreas limítrofes irrigadas por grandes arterias cerebrales.

    Individualmente, las lesiones son microscópicas y silentes, es decir, que no presentan manifestaciones clínicas perceptibles. Sin embargo, las acumulación de muchos microinfartos cerebrales a lo largo del tiempo puede llegar a asociarse a síntomas como déficits cognitivos o motores.
     
    Puesto que los microinfartos cerebrales implican muerte neuronal en el núcleo de la lesión e hipoperfusión y daño en las áreas circundantes, sus efectos son irreversibles.
     
    Gracias a la investigación sabemos, por un lado, que el área afectada por un microinfarto puede llegar a ser hasta 12 veces mayor que la región visible de la lesión y, por otro lado, que sus efectos son prolongados en el tiempo, ya que la alteración del flujo sanguíneo en el área afectada puede durar semanas.
     
    La acumulación de estas microlesiones a lo largo del tiempo (pueden ser muy numerosas), podría suponer un impacto equiparable al de un accidente vascular más importante.
     ¿Cuáles son las causas que provocan los microinfartos cerebrales?

    Los microinfartos responden a múltiples causas de origen vascular que pueden coexistir en una misma persona.

    La principal es la enfermedad cerebral de pequeño vaso inducida por la arterioesclerosis, que es un cambio en la estructura de los vasos sanguíneos asociado a la edad, la hipertensión y otros factores de riesgo cardiovascular, que hace que se vuelvan más rígidos y propensos a ocluirse.

    Otras posibles causas son:

    • La angiopatía amiloide: un tipo de alteración de los vasos cerebrales (de la que hablamos con mayor detalle más abajo) causada por la acumulación de depósitos de proteína amiloide en sus paredes.
    • Las alteraciones de grandes vasos, los microembolismos, la hipoperfusión (falta de riego sanguíneo). 
    • Los procesos inflamatorios.
    • Las alteraciones cardíacas como la fibrilación auricular, que se trata de un tipo de arritmia cardíaca que favorece la formación de trombos sanguíneos que pueden ocluir arterias en diferentes territorios del cuerpo).

    Todas estas alteraciones pueden provocar la isquemia o infarto de pequeños territorios cerebrales irrigados por arterias y arteriolas de pequeño calibre. Estas lesiones isquémicas pueden manifestarse como microinfartos, pero también como infartos lacunares aislados de mayor tamaño y lesiones difusas en la sustancia blanca. 

    Cabe mencionar que los microinfartos son una de las causas más comúnmente asociadas al deterioro cognitivo de origen cerebrovascular y la demencia vascular.

    Microinfartos cerebrales: síntomas​ más frecuentes

    Los microinfartos cerebrales se caracterizan por su naturaleza silenciosa; de hecho, con frecuencia se describen como pequeños ictus silenciosos, ya que la mayoría no produce síntomas evidentes en el momento en que ocurren.

    Esta ausencia de signos agudos los diferencia de los ictus de mayor tamaño que cursan con focalidad neurológica de inicio brusco, aunque su acumulación progresiva puede tener consecuencias a largo plazo sobre la salud cerebral.​​

    En ocasiones excepcionales, pueden manifestarse síntomas transitorios y leves que a menudo pasan desapercibidos o se confunden con fatiga u otros problemas cotidianos. Entre los más habituales se incluyen:​

    • Breves episodios de confusión, mareo o dificultad para concentrarse, que duran minutos u horas.​
    • Ligeras alteraciones en la marchas, torpeza motora o pérdida momentánea de equilibrio.​
    • Cambios sutiles en el estado de ánimo, como irritabilidad, apatía o ansiedad sin causa aparente.

    Con el tiempo, la carga acumulada de microinfartos se asocia a síntomas más evidentes de deterioro cognitivo, como enlentecimiento del procesamiento mental, problemas de memoria leve o dificultades ejecutivas.

    Estos cambios no surgen de un único evento, sino del efecto combinado de múltiples lesiones microscópicas que alteran la conectividad neuronal.

    La magnitud y la localización de estas lesiones en el cerebro, junto con la capacidad de neuroplasticidad, determinan la sintomatología que pueda manifestarse:

    • Lesiones en áreas anteriores del cerebro: en líneas generales, las lesiones en estas áreas se suelen asociar a déficits relacionados con el razonamiento, la capacidad de planificación y de resolución de problemas, así como con cambios conductuales, como puede ser una acusada apatía o tendencia a actuar de forma desinhibida.
    • Lesiones en áreas posteriores del cerebro: tienden a relacionarse con déficits visuoconstructivos, visuoespaciales, apraxia y agnosia. En relación con estos últimos déficits, la persona puede mostrar dificultades que pueden relacionarse con problemas de visión o de destreza cuando, en realidad, responden a alteraciones cerebrales. 

    ¿Cómo disminuir el riesgo de microinfartos cerebrales? Prevención y hábitos clave

    Los estudios apuntan que diversas enfermedades y alteraciones que suelen aparecer durante la mediana y avanzada edad son factores de riesgo relevantes para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, de enfermedad de Alzheimer y de demencia. 

    El hecho de que estos factores de riesgo sean compartidos por estas tres patologías, sugiere que existe una relación entre los mecanismos de acción que originan la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad vascular.

    La prevención más eficaz está vinculada al control de tales factores de riesgo mediante la adopción de un estilo de vida saludable. Las principales recomendaciones incluyen:

    • Control adecuado de la presión arterial, con seguimiento periódico y tratamiento farmacológico cuando esté indicado.
    • Manejo correcto de la diabetes, si la hay, así como de los niveles de colesterol, mediante controles regulares y, si procede, tratamiento médico específico.
    • Seguimiento de una dieta equilibrada, como la dieta mediterránea, junto con la práctica regular de actividad o ejercicio físico adaptado a la edad y al estado de salud de cada persona.
    • No fumar y limitar, o preferiblemente evitar, el consumo de alcohol, por su impacto negativo sobre la salud vascular.
    • Cuidar la calidad y la duración del sueño, un factor cada vez más reconocido para la promoción de la salud cerebral y cardiovascular.
    • Velar por la salud emocional y mantener una vida social y mentalmente activa. Es importante realizar actividades que estimulen las funciones cognitivas.
    La adopción de estas pautas es a día de hoy el mejor plan de prevención para evitar o retrasar tanto la aparición de enfermedades cardiovasculares, como los microinfartos cerebrales, como enfermedades neurodegenerativas.

    La relación entre los microinfartos cerebrales y la enfermedad de Alzheimer

    Es frecuente que en el cerebro de las personas con enfermedad de Alzheimer también haya un componente de patología vascular cerebral. Sin embargo, en la actualidad, no sabemos con certeza si esto se debe a que ambas patologías son frecuentes en personas de edad avanzada, o si existe una asociación directa entre ellas.

    En la mayoría de los casos de enfermedad de Alzheimer coexiste la enfermedad de pequeño vaso por arterioesclerosis y/o la presencia de angiopatía amiloide (estrechamente relacionada con el Alzheimer).

    La angiopatía amiloide se caracteriza por el depósito de proteína amiloide en las paredes de las arterias de pequeño calibre que irrigan la corteza cerebral. Esta concentración de amiloide facilita la aparición de eventos cerebrovasculares por oclusión o por hipoperfusión (disminución del riego sanguíneo), lo que contribuye a la degeneración neuronal del tejido afectado. La angiopatía amiloide también puede asociarse a la presencia de microsangrados (pequeñas hemorragias) debido a una mayor fragilidad de la pared vascular.

    La angiopatía amiloide, igual que la enfermedad de Alzheimer, se relaciona principalmente con la edad y con factores genéticos, particularmente con ser portador de APOE ε4 (el alelo 4 del gen APOE). Estos resultados sugieren que la combinación de patología vascular y de enfermedad de Alzheimer, da lugar a efectos sinérgicos, es decir, que se potencian entre sí, produciendo un impacto mayor que el que esperaríamos simplemente al sumar el riesgo asociado a cada condición por separado.

    En definitiva, independientemente de la naturaleza de la relación entre ambas enfermedades, sabemos que la  presencia de microinfartos cerebrales es un factor de riesgo para la disfunción cognitiva y el desarrollo de demencia.

    Conclusiones

    • Los microinfartos cerebrales representan una forma frecuente y a menudo desapercibida de daño vascular cerebral, cuyo impacto se manifiesta de manera progresiva a lo largo del tiempo.
    • Aunque no siempre producen síntomas inmediatos, su acumulación puede contribuir al deterioro cognitivo y aumentar el riesgo de demencia.
    • Comprender sus causas y reconocer los factores que los favorecen permite adoptar estrategias de prevención orientadas a proteger la salud cerebral a lo largo de la vida.
    • El control de los factores de riesgo vascular y la adopción de hábitos de vida saludables constituyen herramientas clave para preservar la autonomía, el bienestar y la calidad de vida en edades avanzadas.

    Referencias y enlaces de interés

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