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Hablemos del Alzheimer
El blog de la Fundación Pasqual Maragall
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¿Cómo propiciar la empatía con una persona con Alzheimer cuando la estamos cuidando?


La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, tratando de ver la realidad desde su perspectiva y comprendiendo sus emociones y sensaciones. Es decir, ponerse en la piel del otro. La empatía está en la base de las relaciones entre las personas ya que, de alguna forma, todos esperamos ser comprendidos y sentirnos integrados en nuestro entorno.

A veces, para los cuidadores, resulta difícil comprender los síntomas y las conductas de su ser querido. Es habitual sentirse  impotente, llegando incluso a perder los nervios. Para actuar con empatía con una persona con Alzheimer no hay que olvidar nunca que estas situaciones son producto de la enfermedad, no de la voluntad de la persona que la padece.

Comprender que no debemos tratar de que la persona enferma adquiera “nuestra” visión de la realidad es un aspecto fundamental. Al intentarlo se le va a exigir un esfuerzo fuera de su alcance que además, le generará confusión, ansiedad o, como mínimo, inquietud. Y debe ser al revés. Son los cuidadores quienes, por el bien de la armonía y la tranquilidad de ambos, deben hacer el esfuerzo de ver la realidad desde la perspectiva de la persona con Alzheimer.

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Veamos algunos ejemplos de conductas habituales y cómo gestionarlas para fomentar la empatía con una persona con Alzheimer:

  • Repite reiteradamente la misma pregunta: Pregunta insistentemente cosas como: “¿Has cerrado el gas?”, “¿has mirado si tenemos dinero en el banco?”, ¿cuándo es la visita con el médico?”…  La falta de memoria le genera angustia y siente la necesidad de preguntar constantemente para sentirse orientado y seguro pero además, no suele recordar haber realizado ya esa pregunta, y lo vuelve a hacer, incluso repetidamente. Si esto sucede, es necesario contestar con paciencia, como si cada vez fuera la primera y, aunque su perspectiva no encaje en nuestra realidad, hay que evitar la confrontación en beneficio de la serenidad, tanto de la persona con Alzheimer como de quien le atiende. Responder con frases como “¿Otra vez?”, “Ya te lo he dicho antes?”, o “¿Cómo puede ser que no lo entiendas?” solo generará frustración e irritabilidad en ambas partes.
  • Presenta gran actividad o agitación en el momento de acostarse. Ante esta situación el cuidador puede perder fácilmente los papeles, debido al propio agotamiento de todo el día y a la necesidad de concluir la jornada y descansar. Esta situación de agitación vespertina es frecuente en las personas con demencia, es lo que se denomina sundowning (el fenómeno de la puesta del sol) . Una vez más, en lugar de discutir con la persona enferma, hemos de procurar entrar en “su mundo” tratando de aliviar o reconducir la situación que le genera inquietud y acompañándola hacia una situación de relajación que favorezca su tranquilidad.
  • Está muy apática. La inactividad y la falta de motivación es una de las situaciones que puede generar mucha impotencia, desesperación o frustración en los cuidadores. Ante una situación que nos crispa podemos cerrar los ojos durante dos minutos e imaginar que somos nosotros quienes nos sentimos como la persona con  Alzheimer, sin estar motivados para hacer nada porque sufrimos confusión o desorientación, sin querer ver a nadie porque nos cuesta reconocer a las personas o no entendemos bien lo que dicen o sin querer participar en actividades porque nos superan y nos sentimos frustrados. Al intentar ponernos en su lugar conseguiremos fomentar la empatía con una persona con Alzheimer. Hay que tener en cuenta  que la persona afectada no tiene la capacidad de reflexionar sobre su propia apatía, pero si se siente así, es importante tratar de entenderla para reconfortarla e intentar aliviar su padecimiento. En estos casos, le podemos proponer alguna actividad que le pueda motivar y le resulte factible, desde pedirle ayuda para doblar ropa, ver juntos un programa de televisión o salir a dar un paseo. La mayoría de veces, esta apatía es una falta de iniciativa por pérdida de capacidad de planificación u organización pero, con la suficiente guía y ayuda, la persona suele “ponerse en marcha”.

En definitiva, la pérdida progresiva de capacidades cognitivas que experimenta la persona con Alzheimer conlleva un estado de confusión en el que las cosas ya no se comprenden como antes. Si imaginamos que esta persona se siente, a menudo, como en un lugar desconocido, en el que la gente habla un idioma difícil de entender y con serias dificultades para retener las nuevas informaciones, será más fácil comprender muchas de sus actitudes y reacciones. En ese momento, estaremos propiciando la empatía con una persona con Alzheimer y su realidad. 

Categorías: Consejos para afectados y cuidadores

09.05.2019

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