Tengo Alzheimer: reivindicar la identidad y la autonomía desde la conciencia

Tengo Alzheimer: reivindicar la identidad y la autonomía desde la conciencia

11 min lectura
30 abril, 2026
Índice de contenidos

    Una persona diagnosticada de enfermedad de Alzheimer en fases iniciales se encuentra en un momento particularmente complejo desde el punto de vista clínico, emocional y social. En esta etapa, los cambios cognitivos son todavía leves, pero suficientemente evidentes como para haber motivado una consulta y, finalmente, un diagnóstico. Ante esta situación, tal vez la persona afectada se pregunte: "Tengo Alzheimer, ¿pero sigo siendo yo?" La respuesta, sin lugar a dudas, es que sí.

    Uno de los aspectos más relevantes de esta fase es que la persona, en muchos casos, conserva conciencia de enfermedad (es decir, no hay anosognosia o es parcial). Esto implica que puede percibir sus dificultades, compararlas con su funcionamiento previo y anticipar, en cierta medida, su evolución. Esta conciencia sitúa a la persona en una vivencia especialmente delicada, en la que coexisten muchas emociones, pero también la capacidad de tomar decisiones, expresar preferencias y participar activamente en la planificación de su futuro.

    Desde una perspectiva social y ética, cobra especial relevancia el reconocimiento de la identidad de la persona más allá del diagnóstico. La voz de quienes viven esta etapa inicial es esencial para comprender la enfermedad desde dentro y para avanzar hacia modelos de atención centrados en la persona.

    Apuntes clave del artículo

    En este artículo, nos adentramos en la vivencia del Alzheimer en primera persona. Tratamos los siguientes puntos clave:

    • Qué sienten y piensan las personas con Alzheimer cuando son conscientes de su enfermedad.
    • Cómo afecta el diagnóstico a la identidad personal y qué elementos la sostienen.
    • Cuáles son las estrategias que permiten mantener autonomía y calidad de vida en las fases iniciales.
    • Cómo deben relacionarse el entorno y la familia con una persona con Alzheimer consciente de su situación.
    • Qué valor aportan los testimonios en primera persona.

    ¿Una persona con Alzheimer es consciente de su enfermedad? La vivencia de los cambios iniciales

    En las fases iniciales de la enfermedad de Alzheimer, uno de los rasgos más característicos es la conciencia de cambio.

    Lejos de la imagen estereotipada de una persona completamente desorientada, en este momento inicial existe, en muchos casos, una percepción clara de que algo ha dejado de funcionar como antes.

    Esta vivencia, que combina lo cognitivo y lo emocional, constituye un punto de inflexión en la biografía de quien recibe el diagnóstico.

    Los primeros síntomas suelen manifestarse de forma sutil pero persistente:

    • Los fallos de memoria episódica, como olvidar conversaciones recientes, citas o detalles cotidianos, son habitualmente los más reconocibles.
    • A ellos pueden sumarse dificultades en la atención sostenida, en la organización de tareas o en la planificación de actividades que antes resultaban automáticas.
    • En ocasiones, se experimenta una sensación de "extrañeza" ante situaciones familiares: lo cotidiano deja de ser completamente predecible.

    La persona no solo nota estos cambios, sino que los interpreta. Se establece una comparación constante con el "yo previo" que puede afectar a la percepción de autoeficacia: tareas que antes se realizaban con seguridad ahora provocan dudas. Eso suele llevar a la adopción de estrategias compensatorias: anotar más, revisar varias veces, anticipar posibles olvidos…

    Es importante subrayar que la anosognosia (la falta de conciencia del déficit) no suele estar presente en fases iniciales o, al menos, no de forma acusada. Es más, la conciencia de los cambios es a menudo especialmente intensa en este momento, lo que contribuye a explicar el impacto emocional que acompaña al diagnóstico.

    En este contexto, el diagnóstico precoz adquiere un valor fundamental: permite poner nombre a lo que ocurre, reducir la incertidumbre y abrir un espacio para la adaptación progresiva. Comprender que estos cambios tienen una base neurológica puede facilitar una reorganización de la vida cotidiana más ajustada y consciente.

    El impacto emocional: entre el miedo, la tristeza y la necesidad de sentido

    Recibir un diagnóstico de Alzheimer supone un alto impacto emocional que, cuando la persona conserva una comprensión clara de su situación, puede ser especialmente profundo.

    La reacción inicial suele incluir una combinación de shock, miedo e incertidumbre. El diagnóstico no solo interpela al presente, sino que proyecta la mirada hacia un futuro incierto. Aparecen preguntas sobre la evolución de la enfermedad, la pérdida de capacidades, la dependencia o la identidad personal.

    Entre las emociones más frecuentes se encuentran la tristeza, la ansiedad y, en algunos casos, la rabia o la sensación de injusticia. Estas respuestas forman parte de un proceso de duelo en vida: un duelo anticipado por aquello que, previsiblemente, se irá transformando o perdiendo.

    Nombrar estas emociones resulta esencial. La validación emocional, por parte del entorno y de los profesionales, permite legitimar la experiencia y no silenciarla. Uno de los riesgos es la tendencia a proteger a la persona evitando hablar del diagnóstico o minimizando su impacto, lo que puede contribuir a una vivencia de soledad emocional. 

    El apoyo social, entendido como la presencia de vínculos significativos que acompañan sin juzgar, es clave. También lo son los espacios de expresión, como los grupos de apoyo, las intervenciones psicológicas u otras iniciativas de participación, así como la posibilidad de mantener un sentido de propósito.

    Identidad y Alzheimer: lo que permanece

    Uno de los grandes retos del Alzheimer más allá del inevitable deterioro cognitivo, es el riesgo de que la persona sea reducida a su diagnóstico. Frente a ello, en las fases iniciales emerge con fuerza una reivindicación: la identidad no desaparece con el diagnóstico.

    La identidad personal no se sustenta exclusivamente en la memoria. Está construida también por valores, relaciones, historia de vida, roles sociales y proyectos vitales. Incluso cuando algunos procesos cognitivos empiezan a alterarse, muchos de estos elementos permanecen.

    Sin embargo, existe un riesgo social significativo: el estigma asociado a la demencia puede llevar a una pérdida prematura de roles, a la infantilización o a la invisibilización de la persona. Expresiones como "ya no es la misma persona" contribuyen a reforzar esta mirada reduccionista.

    Frente a ello, se impone una reivindicación clara: "sigo siendo yo". Esta afirmación no niega la existencia de la enfermedad, pero sí cuestiona que esta defina completamente a la persona. El derecho a ser escuchado, a participar en decisiones y a ser reconocido en la propia identidad se convierte en un eje central.

    Desde el punto de vista científico, la investigación respalda esta perspectiva. La identidad personal no desaparece, sino que se transforma progresivamente. Incluso en fases avanzadas, pueden persistir aspectos del yo vinculados a la emocionalidad, a los hábitos o a la relación con los demás.

    Elementos como las relaciones significativas, la narrativa personal y la participación activa en decisiones contribuyen a sostener esta identidad. El entorno tiene un papel determinante: reconocer a la persona más allá de la enfermedad es una forma de preservar su identidad.

    Adaptarse sin desaparecer: estrategias desde la experiencia

    Vivir con Alzheimer en fases iniciales implica un proceso de adaptación. Lejos de una actitud pasiva, muchas personas desarrollan estrategias activas para mantener su autonomía y su calidad de vida.

    En el ámbito cotidiano:

    • La estructuración de rutinas resulta especialmente útil.
    • Mantener horarios estables, simplificar tareas y reducir la carga de decisiones contribuye a facilitar el funcionamiento diario.
    • El uso de ayudas externas —agendas, recordatorios, dispositivos electrónicos— permite compensar las dificultades de memoria.

    Desde el punto de vista cognitivo y emocional:

    • Estrategias como la repetición, la anticipación o la simplificación de la información pueden mejorar el rendimiento en determinadas tareas.
    • La aceptación progresiva del diagnóstico y el enfoque en el presente se configuran como recursos importantes.

    Es fundamental preservar la autonomía durante el mayor tiempo posible. Esto no implica ignorar las dificultades, sino ajustar el entorno y las expectativas para que la persona pueda seguir participando activamente en su vida.

    Se trata de acompañar sin anular, facilitar sin sobreproteger. La sobreprotección, aunque bienintencionada, puede contribuir a una pérdida innecesaria de autonomía y a un deterioro de la autoestima.

    La relación con los demás: visibilidad, reconocimiento y respeto

    El diagnóstico de Alzheimer puede transformar las relaciones sociales. El temor a equivocarse, a olvidar palabras o a no seguir una conversación puede llevar a un retraimiento progresivo. Este aislamiento, a su vez, puede intensificar el impacto emocional. Para minimizar ese riesgo y mantener una interacción respetuosa, la paciencia, la escucha activa y el trato digno son elementos esenciales.

    En contraposición, se debe evitar la infantilización, tratar a la persona como si hubiera perdido su capacidad de comprensión, o la invisibilización, excluyéndola de conversaciones o decisiones. Frente a ello, se propone mantener espacios de participación, adaptar la comunicación sin simplificar en exceso y reconocer la capacidad de la persona para expresar sus opiniones y preferencias.

    Compartir la experiencia en primera persona no solo tiene un valor individual, sino también social: permite transformar la mirada colectiva sobre el Alzheimer.

     

    Dar voz al Alzheimer en primera persona: un acto de reivindicación

    Los testimonios en primera persona constituyen una herramienta poderosa para humanizar la enfermedad. Permiten ir más allá de las descripciones clínicas y acercarse a la vivencia real de quienes conviven con el diagnóstico.

    En este punto, la vivencia en primera persona adquiere un valor especial. Tal como se recoge en la conversación que acompaña este artículo, compartir la experiencia no solo permite elaborar emocionalmente el diagnóstico, sino también contribuir a una mayor comprensión social de la enfermedad y de quienes la viven en primera persona. 

    En esta participación en el ciclo "Recuerda" de la Fundación Pasqual Maragall, las psicólogas Lorena Grau y la Dra. Elena de Andrés, trasladan su experiencia y conocimiento de esta realidad desde su experiencia profesional en el programa "Plenamente Activas" en el que se ofrece un espacio de apoyo y acompañamiento en grupo a personas con un diagnóstico de Alzheimer en una fase inicial.

     

    Dar voz a las personas con Alzheimer en fases iniciales implica reconocerlas como agentes activos de su propio proceso. Supone abrir espacios de participación en los que puedan compartir su experiencia, influir en la toma de decisiones respecto a su proceso y contribuir a la sensibilización social.

    Testimonios de participantes del programa "Plenamente Activas"

    • "Conozco bien la enfermedad porque la he vivido con mis padres, así que cuando me comunicaron el diagnóstico no fue una sorpresa. Por esta razón, he gestionado ciertos trámites como la autocuratela y tengo designada a una persona que me cuidará llegado el momento. He decidido tramitar las voluntades anticipadas, para poder decidir sobre mi salud y mi futuro con la enfermedad".

    • "Compartir mi situación, comprobar que no estoy sola y que hay más personas que se encuentran en la misma situación, me ha ayudado a asimilar mejor la enfermedad. Me ha servido mucho tratar el tema de recursos, porque le he propuesto a mis hijos tratar algunos temas que me preocupan y no hemos hablado".

    El valor de los testimonios públicos de personas conocidas

    Los testimonios de personas conocidas o referentes con Alzheimer como hizo Pasqual Maragall anunciando públicamente su situación, tienen un enorme valor de sensibilización y contribuyen en gran manera a combatir el estigma hacia la enfermedad.

    En clave estrechamente relacionada con el contenido de este artículo, merece la pena destacar el relato del neurólogo estadounidense Daniel Gibbs, en su libro A Tattoo on My Brain, ofrece una perspectiva singular: la de un especialista en enfermedad de Alzheimer que, tras años de dedicación profesional a ella, recibe el mismo el diagnóstico. Su relato permite explorar cómo el conocimiento científico convive con la vivencia personal, mostrando tanto la anticipación de los síntomas como el impacto emocional de enfrentarse a la propia enfermedad.

    En un registro distinto, pero igualmente revelador, la actriz catalana Carme Elías comparte su experiencia en el libro Cuando ya no sea yo. Su testimonio aporta una dimensión profundamente humana y social, en la que la identidad, la memoria y la trayectoria vital se entrelazan con el proceso de enfermedad. A partir de su diagnóstico, Elías se ha convertido además en una voz activa en la sensibilización sobre el Alzheimer, contribuyendo a visibilizar la realidad de quienes lo viven desde dentro y a combatir el estigma asociado.

    Ambos relatos ilustran cómo, en las fases iniciales, la persona no solo es consciente de sus cambios, sino que también puede reflexionar sobre ellos, narrarlos y darles significado. El impacto de estos testimonios es doble. Por un lado, favorecen el empoderamiento individual. Por otro lado, contribuyen a desmontar estereotipos y a promover un cambio de mirada en la sociedad.

    Mirar al futuro desde el presente

    Vivir con Alzheimer no es únicamente anticipar el deterioro. En las fases iniciales, existe todavía un amplio margen para construir experiencias significativas y mantener una buena calidad de vida.

    El enfoque en el presente adquiere aquí una relevancia especial. Disfrutar de lo cotidiano, mantener actividades significativas y cultivar relaciones son formas de sostener el bienestar.

    Al mismo tiempo, es importante integrar una esperanza realista. La investigación sobre el Alzheimer avanza de forma constante, tanto en el diagnóstico como en las intervenciones. Aunque aún no se dispone de una cura, sí existen estrategias y empiezan a ver la luz nuevos tratamientos que pueden mejorar la calidad de vida e influir en la evolución de la enfermedad.

    En este contexto, la planificación anticipada de decisiones —sanitarias, legales, personales— permite ejercer la autonomía en un momento en el que la capacidad de decisión está preservada.

    La identidad como forma de resistencia: conclusiones

    En las fases iniciales del Alzheimer, la conciencia, la emoción y la identidad conviven de forma compleja. Lejos de una pérdida inmediata del yo, lo que emerge es una experiencia en la que la persona se reconoce, se interroga y se adapta y permite destacar algunas claves:

    • El Alzheimer no define completamente a la persona. La identidad se construye y se sostiene también en la relación con los demás, en el reconocimiento social y en la posibilidad de seguir participando en la propia vida.
    • La sociedad tiene un papel clave en este proceso. Reconocer, escuchar y respetar a las personas con Alzheimer en fases iniciales no es solo una cuestión ética, sino también una forma de preservar su identidad.
    • Dar espacio a sus voces, como se propone en el vídeo que acompaña este artículo, constituye un paso esencial hacia una comprensión más humana y más justa de la enfermedad.
    • La reivindicación final es clara: el derecho a vivir con dignidad en todas las fases de la enfermedad.

    Preguntas frecuentes

    • ¿Las personas con Alzheimer son conscientes de su enfermedad?

      En las fases iniciales, muchas personas con Alzheimer conservan plena conciencia de su situación. Perciben los cambios cognitivos, los comparan con su funcionamiento previo y son capaces de tomar decisiones sobre su vida. Esta conciencia puede ser intensa y está en la base del impacto emocional que acompaña al diagnóstico.
    • ¿Qué piensa y siente una persona con Alzheimer tras el diagnóstico

      Las emociones más frecuentes incluyen shock, miedo, tristeza, ansiedad e incluso rabia. Estas respuestas forman parte de un proceso de duelo que se irá transformando con la progresión de la enfermedad. Además, muchas personas experimentan también la necesidad de reorganizar su vida, de comunicar su situación y de encontrar un nuevo sentido a su día a día y a su futuro.
    • ¿Qué no se le puede decir a una persona con Alzheimer?

      No es que haya una lista de cosas prohibidas, pero conviene evitar expresiones que cuestionen su identidad, como “ya no eres la misma persona”, o actitudes que la infantilicen o excluyan de conversaciones y decisiones. La persona, especialmente en fases iniciales, mantiene la capacidad de expresar preferencias y de participar activamente en su vida.
    • ¿Qué ayuda a sentirse bien a una persona con Alzheimer?

      Mantener relaciones significativas, participar en actividades con sentido, disfrutar del presente y sentirse reconocida y escuchada son fuentes importantes de bienestar. Preservar la autonomía el mayor tiempo posible, adaptar el entorno sin sobreproteger y respetar la propia historia de vida contribuyen de forma decisiva a la calidad de vida.

    Referencias y enlaces de interés

     

    Dra. Nina Gramunt Fombuena

    Dra. Nina Gramunt Fombuena

    Dirección técnica y editorial del blog

    Psicóloga General Sanitaria y Experta en Neuropsicología Clínica, con una trayectoria de más de 25 años, su principal foco desde la asistencia clínica, la investigación y la docencia siempre ha sido el envejecimiento cognitivo y la demencia y, particularmente, la enfermedad de Alzheimer.

    Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña (COPC). Nº de colegiada: 9747.

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