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Hablemos del Alzheimer
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La anosognosia o falta de conciencia de la enfermedad: uno de los síntomas habituales del Alzheimer


La introspección es la capacidad mental de percibir y monitorizar lo que uno hace, piensa o siente, es “mirar al interior” o, en definitiva, ser conscientes de nuestro estado. Cuando nos referimos, específicamente, a la incapacidad de introspección para percibir y reconocer una enfermedad que uno mismo padece, hablamos de anosognosia. La anosognosia es uno de los síntomas habituales de la enfermedad de Alzheimer. En este artículo explicamos qué es y cómo actuar ante ella.

¿Qué es la anosognosia?

El término “anosognosia” proviene del griego y está formada por la conjunción del prefijo a (no, o sin), nosos (enfermedad) y gnosis (conocimiento), o sea: “sin conocimiento de enfermedad”. La anosognosia es un síntoma que puede aparecer en diferentes patologías, trastornos o enfermedades, como en la esquizofrenia, el trastorno bipolar, tras algunos tipos de ictus u otras lesiones cerebrales… y en muchos casos de demencia, como suele ser habitual en la enfermedad de Alzheimer. 

Debido a esta falta de introspección, la persona con anosognosia no es que intencionadamente se niegue a reconocer sus propios olvidos o errores, es que no tiene modo alguno de saber que los está cometiendo: no tiene conciencia de la enfermedad que padece. Este síntoma aparece de forma temprana en algunas personas con demencia y más tarde en otras, conduciendo a la falta de conciencia de la enfermedad, en distinto grado. 

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La anosognosia se puede expresar de distintas formas o en distintos grados

Por el hecho de que una persona padezca deterioro cognitivo o demencia no hay que asumir, directamente, que tenga falta de conciencia de lo que le sucede o, al menos, no de todo lo que le sucede.

Se puede dar de forma más acusada en algunos aspectos y no tanto en otros. No todas las personas con Alzheimer presentan el mismo grado de falta de conciencia ni una misma persona en distintos momentos de la enfermedad. Lo más frecuente, no obstante, es que la persona conserve una capacidad parcial de introspección y de percepción de sus propios déficits, siendo consciente de algunos aspectos o teniendo una conciencia fluctuante.

Si en las primeras fases de la enfermedad la anosognosia no ha aflorado, la persona con Alzheimer probablemente se mostrará preocupada por su situación, incluso puede llegar a deprimirse, pero también puede mostrar interés por planificar su futuro. Sin embargo, en otros casos, esta falta de conciencia puede aparecer ya en fases iniciales, por lo que puede negar rotundamente padecer ninguna enfermedad o déficit. 

Existe un término técnico, anosodiaforia, que puede entenderse como una variante de la anosognosia, y se usa para definir la actitud de cierta indiferencia hacia los propios problemas de salud. Viene a ser como si la persona expresara: “Sé que me falla la memoria, pero no le doy la importancia que realmente tiene, y tampoco a la causa que lo provoca”.

Es aquella situación, por ejemplo, en la que la persona con Alzheimer, presentando ya problemas muy importantes de memoria, parece no darle ninguna importancia. Por ejemplo, puede decir que no recuerda el año en qué nació ni la edad que tiene, o la calle donde vive y no darle ninguna importancia, incluso riendo de ello. Es decir, reconoce el déficit, pero su reacción puede sorprender por lo despreocupada que es. 

Cómo actuar ante la anosognosia o la falta de conciencia de la enfermedad 

La pérdida de introspección representa un cambio importante y provoca conductas aparentemente ilógicas. Debido a la falta de conciencia y la consiguiente falta de reconocimiento de déficit, estas personas a menudo son consideradas como testarudas y de trato difícil por parte de las personas de su entorno más cercano.

Por ejemplo, ante un episodio de incontinencia, la persona afectada culpa a otra persona por el hecho de ir mojado o aparenta ignorar el asunto. O la persona no asocia su propia conducta con las alteraciones que ocasiona, como desorden en su entorno o trastornos a los cuidadores. La persona también puede insistir en que su memoria y su cognición están intactas, incluso ante una evidencia desbordante de lo contrario, y no comprender quizás por qué no puede seguir conduciendo.

La disminución de la capacidad de introspección es un síntoma habitual en la enfermedad de Alzheimer que no puede recuperarse, por muchas explicaciones que se den. Por esta razón, ante la manifestación de anosognosia, hay que evitar discutir con la persona afectada ya que será inútil e, incluso, puede ser contraproducente porque la puede alterar. El mejor consejo es comprender que la persona ha perdido esta capacidad de autoconciencia y aceptar su punto de vista, desde la empatía. Hay que permitirle mantener su autoestima y emplear medios alternativos para manejar las situaciones. Así, en el primero de los casos, podemos sugerir que se cambie de ropa diciendo “parece que te has salpicado al lavarte las manos”, en vez de confrontarlo con la realidad del episodio de incontinencia. En el segundo caso, podemos trasladar que ha sido el médico quien ha dado la orden de que deje de conducir y que, tal vez, en la próxima visita lo podrá consultar con él.

Categorías: El Alzheimer

07.05.2020

Nueva llamada a la acción

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