Pautas para facilitar las actividades de la vida diaria de una persona con Alzheimer

Pautas para facilitar las actividades de la vida diaria de una persona con Alzheimer

7 min lectura
26 febrero, 2026
Índice de contenidos

    A pesar de experimentar las primeras dificultades o síntomas evidentes, las personas diagnosticadas, al principio, pueden llevar a cabo sin ayuda la mayoría de sus actividades de la vida diaria. Sin embargo, con el avance del Alzheimer, la persona experimentará una pérdida de autonomía y necesitará, cada vez más, la ayuda de otras personas para llevar a cabo sus actividades cotidianas. Cuando la enfermedad está muy avanzada, necesitará esta ayuda para realizar incluso aquellas más simples, como vestirse o comer.

    Las actividades de la vida diaria (AVD) representan mucho más que tareas cotidianas: constituyen el puente entre la independencia personal y la dependencia total en la enfermedad de Alzheimer. A medida que la patología avanza, estas actividades —desde manejar las finanzas hasta asearse— se convierten en un indicador clave del deterioro funcional y un objetivo prioritario de intervención. En este artículo nos adentramos en este tema y ofrecemos algunas propuestas para facilitar el desarrollo de las actividades de la vida diaria de personas con Alzheimer.

    Apuntes clave del artículo

    En este artículo ofrecemos información esencial para comprender cómo se ven afectadas las actividades de la vida diaria en el Alzheimer y qué medidas pueden ayudar a preservar la autonomía. Los puntos clave que se abordan son los siguientes:

    • Qué son las actividades de la vida diaria y por qué su deterioro es un indicador relevante en la progresión de la enfermedad de Alzheimer.
    • Cómo se alteran las actividades avanzadas, instrumentales y básicas a lo largo de las distintas fases de la enfermedad.
    • Qué relación existe entre las actividades de la vida diaria y el deterioro cognitivo.
    • Qué pautas prácticas pueden facilitar el desempeño en las actividades cotidianas y así favorecer la autonomía y reducir la frustración.
    • Por qué las rutinas, la actividad física y la estimulación cognitiva son claves para mantener la independencia funcional.

    ¿Qué son las actividades de la vida diaria y por qué importan en el Alzheimer?

    Las actividades de la vida diaria (o AVD) engloban todas aquellas tareas que permiten a una persona mantener su autocuidado básico, gestionar su hogar y participar activamente en la comunidad. 

    Se clasifican en tres niveles progresivamente complejos, según su demanda cognitiva:

    • AVD básicas: incluyen acciones esenciales para la supervivencia física, como comer de forma autónoma, asearse, vestirse, usar el baño correctamente y desplazarse sin ayuda. Estas se preservan relativamente bien en las etapas iniciales, pero se deterioran con la progresión a fases moderadas y graves.

    • AVD instrumentales: requieren mayor planificación y organización cognitiva, son tareas relacionadas con la cocina, la compra, la toma de la medicación diaria, limpiar la casa o manejar el dinero en efectivo o pagos con tarjeta. Las dificultades en este tipo de actividades suelen aparecer en fase de deterioro cognitivo leve.
    • AVD avanzadas: implican el uso de tecnologías modernas, como navegar por aplicaciones bancarias o gestionar citas online, pero también aspectos como la capacidad de prever y realizar de forma efectiva grandes compras, organizar reuniones o celebraciones, la planificación autónoma de la agenda personal o la gestión global del propio tiempo. Este tipo de actividades pueden verse alteradas en distinto grado desde fases incipientes..

    En el contexto del Alzheimer, el deterioro de las actividades de la vida diaria no responde únicamente a la pérdida de memoria, muchas de ellas son consecuencia de alteración de la función ejecutiva , que comprende la capacidad de planificar, secuenciar acciones y tomar decisiones, así como de otras alteraciones cognitivas.

    Cómo facilitar las actividades de la vida de diaria de una persona con Alzheimer

    Mientras eso no ocurra, hay que procurar fomentar su autonomía y potenciar al máximo las capacidades cognitivas que aún estén preservadas. Para ello, es clave establecer unas rutinas cotidianas, que faciliten la fluidez en la secuencia de actividades (por ejemplo: tras desayunar, lavarse, luego vestirse, salir a pasear…), e implicar a la persona con Alzheimer en aquellas tareas de la casa que aún pueda realizar por sí misma o colaborar en ellas (poner la mesa, tender la ropa…).

    Es evidente que, con la reacción ante el diagnóstico, cambiarán muchas cosas del día a día. Tanto es así que, además de aprender sobre la enfermedad y la nueva realidad a la que se enfrentan, quienes cuidan a un ser querido con Alzheimer pueden encontrar útiles las siguientes pautas para facilitar la gestión de las actividades cotidianas.

    Simplificar el entorno

    Las personas con Alzheimer se desenvuelven mejor en entornos sencillos, ordenados y poco cargados, sin elementos superfluos. Esta simplificación también se puede aplicar a la realización de actividades diarias, como, por ejemplo:

    • Limitando las opciones entre las que escoger la ropa para vestirse. Es aconsejable tener accesible en el armario solo ropa de temporada o colocar sobre la cama un par de mudas adecuadas para que pueda escoger cuál ponerse. 
    • En el baño, es preferible dejarle a la vista únicamente aquellos productos de higiene que sabemos que va a utilizar.

    Solo supervisar, mientras sea suficiente

    No hay que anticiparse a la incapacidad. Una persona afectada de Alzheimer, sin presión y con paciencia, suele poder hacer muchas más cosas de las que quien cuida de ella espera. Además, hay que tener en cuenta que supervisar, de manera sutil y sin intervenir, permite detectar nuevas dificultades y planificar el futuro más inmediato.

    Fraccionar las tareas

    Es importante fragmentar en pequeños logros las actividades cotidianas, procurando que se haya completado un paso de la actividad antes de continuar con el siguiente. Por ejemplo, dar de una en una las piezas de ropa a la hora de vestirse o servir los platos uno después de otro, en lugar de disponerlos todos a la vez en la mesa.

    Dar tiempo suficiente

    Hay que evitar darle prisas y planificar las rutinas contando con un amplio margen de tiempo para su realización, lo que contribuye a minimizar las reacciones de impaciencia.

    Ayudar, pero no resolver

    Para potenciar al máximo la autonomía de la persona con Alzheimer, así como su autoestima y su sentimiento de utilidad y seguridad en sí misma, es importante favorecer que haga y participe en todo lo que aún pueda hacer. Podemos aportar la ayuda necesaria, pero, mientras sea posible, hay que procurar que sea ella quien lo realice.

    Mantener las rutinas

    Las rutinas y los horarios regulares son un gran aliado para las personas con Alzheimer, ya que facilitan la previsión de lo que va a suceder a lo largo del día. No obstante, no hay que ser excesivamente rígido y optar por cierta flexibilidad si la persona se muestra inquieta en exceso y se niega a cooperar.

    Es recomendable procurar mantener los hábitos que la persona tenía antes de la aparición del Alzheimer (por ejemplo, si se afeitaba antes o después de la ducha o si prefería ducharse por la tarde o por la mañana).

    La importancia de la actividad física y la estimulación cognitiva

    Hay que tratar de que la persona con Alzheimer participe en los quehaceres cotidianos, tenga espacios de ocio y de actividad. Es clave procurar que mantenga una buena condición física, facilitando el movimiento y la psicomotricidad, así como promover la estimulación cognitiva. Todo ello contribuirá a mantener el máximo tiempo posible la autonomía.

    Un estudio reciente indica que el ejercicio físico contribuye de forma relevante en la independencia en actividades de la vida diaria. Factores como la fuerza de piernas, la capacidad aeróbica y la movilidad son grandes predictores del bienestar. Por eso, con el asesoramiento profesional adecuado, es recomendable incorporar en las actividades cotidianas breves rutinas de ejercicios sencillos que se pueden realizar en casa, por ejemplo:

    • Para trabajar la fuerza de las piernas: 10 o 15 repeticiones de sentarse y levantarse de una silla.

    • Como ejercicio aeróbico: hacer marcha en el sitio durante 1 o 2 minutos.

    • Para mejorar la movilidad: levantarse, caminar 3 metros y volver al punto de partida.

    Además, son muy recomendables los paseos en entornos verdes para obtener tanto beneficios físicos como emocionales.

    El arte de acompañar sin imponer

    Gestionar el desarrollo de las actividades de la vida diaria de una persona con Alzheimer suele ser una fuente de agotamiento para quien cuida, pero se puede atender a pequeños detalles para aliviarlo.

    Por ejemplo, la forma en que las personas cuidadoras se comunican durante la realización de las AVD puede marcar la diferencia entre cooperación y resistencia. Es fundamental el uso de frases cortas y concretas y apoyarse en distintos recursos, por ejemplo: "Ahora lavamos las manos", acompañadas de contacto visual y gestos demostrativos: "Mira, así lo hago yo". 

    Fomentar la participación de la persona con Alzheimer en tareas del hogar simples, como regar plantas o poner la mesa, no solo contribuye a mantener habilidades cognitivas y motoras, sino que disminuye la sensación de pérdida de identidad y fomenta el sentido de utilidad. La empatía, la paciencia y el cariño por parte de quien la cuida son siempre actitudes que la ayudarán en su vida cotidiana.

    Los programas formativos y de apoyo a las personas cuidadoras son un excelente recurso para aprender estrategias que ayuden en el manejo de las actividades de la vida diaria.

    Asimismo, conviene evaluar distintos recursos sociales, como servicios de ayuda a domicilio o centros de día para que la persona cuidadora también puede atender sus propias necesidades. 

    Referencias y enlaces de interés

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