Verano y Alzheimer: 10 consejos para las vacaciones y para el calor
Las vacaciones de verano son un periodo muy esperado: viajes, días de playa, momentos de relax, visitas culturales, entre otras actividades. Sin embargo, verano y Alzheimer no siempre forman una combinación fácil. Quienes cuidan de personas con Alzheimer no suelen tener un periodo de descanso, ya que la enfermedad no da tregua y atender las necesidades de la persona afectada requiere de su dedicación, casi exclusiva, todos los meses del año.
En este artículo, ofrecemos algunas recomendaciones para que las personas con Alzheimer y quienes cuidan de ellas puedan disfrutar en verano de unos días de desconexión que serán beneficiosos para ambas partes.
¿Por qué el calor puede afectar más a las personas con Alzheimer?
Las personas con Alzheimer pueden ser especialmente vulnerables a las altas temperaturas. A causa de la enfermedad, pueden tener dificultades en la interpretación de determinadas señales corporales, como la sensación de sed, calor o malestar físico, lo que incrementa el riesgo de deshidratación y de sufrir problemas relacionados con el calor.
Además, algunas personas con deterioro cognitivo pueden olvidar beber agua con frecuencia, no expresar adecuadamente que tienen calor o no adaptar su vestimenta a las condiciones ambientales. También pueden presentar dificultades para seguir recomendaciones básicas de protección frente a las altas temperaturas, como permanecer en lugares frescos o evitar la exposición al sol durante las horas centrales del día.
Por ello, durante el verano es importante que familiares y personas cuidadoras supervisen activamente la hidratación, el confort térmico y el estado general de la persona afectada, especialmente durante episodios de calor intenso u olas de calor.
Apuntes clave del artículo
En este artículo explicamos cómo afrontar el verano cuando se cuida o se convive con una persona con Alzheimer, con consejos para las vacaciones y para protegerse del calor. Estos son los puntos clave:
- Por qué las altas temperaturas afectan especialmente a una persona con Alzheimer.
- Qué consejos prácticos ayudan a afrontar las vacaciones y los cambios de entorno.
- Cómo cuidar el descanso de la persona cuidadora durante el verano.
- Cuáles son las señales de alerta de deshidratación y golpe de calor.
- Qué actividades de verano se adaptan mejor a las capacidades de la persona.
¿Cómo abordar el verano con un ser querido con Alzheimer?
1.- Ante la duda, consultar a los profesionales
Al margen de las recomendaciones que damos en este artículo, hay que tener presente que cada caso puede requerir de indicaciones concretas.
Los profesionales expertos que asisten regularmente a la persona con Alzheimer son quienes mejor pueden aconsejar acerca de cómo pasar el verano en estas circunstancias, si es idóneo realizar un viaje o la necesidad de moderar los cambios. Ante cualquier duda, es importante consultar con el equipo especialista o con profesionales sanitarios de referencia.
2.- Dosis extra de paciencia
Con el objetivo de procurar el máximo bienestar durante las vacaciones, tanto de la persona con Alzheimer como de quien la cuida, más que nunca, es clave evitar los enfrentamientos.
Aunque la persona no pueda recordar los detalles de la discusión que ha tenido hace un rato con quien le cuida o con cualquier otra persona, sí puede sentir las emociones negativas que haya experimentado, pudiéndose sentir intranquila cuando parezca que todo ha pasado. Por ello, se recomienda intentar colmarse de paciencia, tratar de empatizar con su posible confusión y no enfadarse para evitar esta carga negativa de emociones.
3.- Intentar mantener las rutinas
“Verano” y “Alzheimer” son dos términos aparentemente difíciles de equilibrar. No obstante, a pesar de la relajación de los horarios de verano, es importante que algunas rutinas se mantengan, como los horarios de las comidas o las horas de sueño.
4.- Limitar los compromisos sociales
Las vacaciones invitan a una actividad social más intensa y es usual que en verano tengamos más compromisos sociales en la agenda. Estos cambios de entorno y de compañía pueden aumentar la confusión de la persona con Alzheimer.
Así, por ejemplo, si se decide que la persona con Alzheimer pase las vacaciones en periodos divididos entre diferentes familiares, es aconsejable procurar minimizar la frecuencia de cambios. Por ejemplo, es preferible que pase dos semanas seguidas en casa de un hijo y las dos siguientes en casa del otro, en vez de alternar una semana en cada casa.
5.- Facilitar el proceso de adaptación al nuevo entorno
La adaptación a un nuevo entorno puede ser complicada para una persona con Alzheimer y puede provocar que se sienta desorientada ante un cambio de casa o de habitación. Es recomendable pensar en cómo podemos facilitar este proceso.
Por ejemplo, por la noche, podemos dejar alguna luz encendida para evitar accidentes si la persona se encuentra desorientada. También se puede llevar al nuevo espacio algún objeto que forme parte de su entorno cotidiano, como el cojín con el que duerme la siesta en el sofá o la fotografía que está siempre en el mueble del comedor.
Además, hay que pensar que, en un entorno no habitual, la persona con Alzheimer puede desorientarse con más facilidad, por eso es recomendable proporcionarle algún elemento de identificación, como una pulsera o una medalla donde se indique su nombre y un teléfono de contacto, o bien recurrir a dispositivos electrónicos con GPS que puedan indicar su ubicación en caso de que sea necesario.
6.- El entorno también tendrá que adaptarse
Si la persona con Alzheimer va a pasar un tiempo con un familiar con quien no convive habitualmente, hay que asegurar que conozca las costumbres y rutinas básicas de su día a día, y que intente mantenerlas.
En el caso de que las vacaciones sean en un hotel o apartamento, es aconsejable avisar al personal para que estén al corriente de la situación y así evitar posibles malentendidos o situaciones comprometidas, además de asegurar que la persona pueda sentirse tranquila y bien acogida.
7.- Quien cuida también necesita vacaciones
La persona cuidadora tiene un “trabajo” las 24 horas del día, los 7 días de la semana, todos los meses del año, incluidos los vacacionales. Quien cuida también tiene derecho a descansar y relajarse, ya que a menudo deja de lado sus propias necesidades para centrarse completamente en la atención de la persona con Alzheimer.
El verano puede ser un buen momento para facilitar que la persona cuidadora pueda descansar y desconectar: cambiar de entorno, salir a tomar una café, nadar, hacer un poco de ejercicio, etc., pero para ello es necesario pedir ayuda y movilizar a familiares y amigos para garantizar entre todos que la atención de la persona con Alzheimer quede cubierta y la persona cuidadora pueda relajarse.
8.- Mantener la comunicación familiar
El objetivo es que tanto la persona con Alzheimer como quien la cuida pase un verano lo más agradable posible, lo que repercutirá en su bienestar. Una buena comunicación entre la persona cuidadora y el resto de la familia es fundamental para llegar a acuerdos que liberen un poco a la persona cuidadora principal de la atención hacia la persona con Alzheimer.
Quien cuida ha de poder expresar abiertamente a las personas de su entorno tanto las necesidades de la persona afectada como las propias, para así encontrar soluciones que sean beneficiosas para todas las partes.
9.- Ayudar a la persona con Alzheimer a combatir el calor
En verano, las personas con Alzheimer pueden ser especialmente vulnerables al calor. Debido a su alteración cognitiva es probable que no sepan interpretar adecuadamente las señales de su cuerpo, como por ejemplo las sensaciones de frío o de calor. Es importante prestar especial atención a las recomendaciones habituales ante las altas temperaturas para evitar complicaciones derivadas, por ejemplo:
- Supervisar la elección de la ropa y optar por tejidos naturales que protejan de la radiación solar y sean transpirables.
- Vigilar la adecuada hidratación en todo momento: beber agua, tomar fruta y tratar posibles diarreas.
- Evitar largas exposiciones al sol y, particularmente, en las horas centrales del día.
- Utilizar protector solar, gorra o sombrero en el exterior. Siempre es útil tener a mano un abanico o un pequeño ventilador portátil.
- Procurar una temperatura fresca y agradable en los espacios interiores. Si no se dispone de sistemas de climatización en casa, se puede tratar de pasar algunas horas al día en espacios comunes que actúan como refugios climáticos: espacios culturales, de ocio, centros comerciales, entre otros.
- Aplicar medidas ante las altas temperaturas nocturnas y que el sueño sea reparador como ventilar el dormitorio cuando ya esté oscuro, usar ventiladores, aire acondicionado o rociar con un aspersor la cara y el cuello.
10.- Creer que desconectar y disfrutar de las vacaciones es posible
El verano y el Alzheimer pueden ser compatibles si se siguen ciertas pautas. El verano ofrece diversas opciones que podemos convertir en oportunidades para favorecer el bienestar de la persona con Alzheimer y facilitar que la persona cuidadora pueda descansar y tener su propio tiempo de ocio.
Señales de alerta ante un golpe de calor
Reconocer precozmente los signos de deshidratación o de afectación por calor puede ayudar a prevenir complicaciones graves. En las personas con Alzheimer, algunos síntomas pueden pasar desapercibidos o confundirse con manifestaciones habituales de la enfermedad, por lo que conviene prestar especial atención a cambios repentinos.
Estas son algunas de las principales señales de alerta:
- Sed intensa o sequedad de boca: son algunos de los primeros indicios de que el organismo necesita más líquidos, aunque la persona con Alzheimer no siempre sea capaz de expresarlo.
- Orina escasa o más oscura de lo habitual: puede indicar un estado de deshidratación y conviene vigilar especialmente si la ingesta de líquidos ha disminuido.
- Debilidad, cansancio o somnolencia excesiva: una sensación de fatiga inusual o una menor capacidad para realizar actividades cotidianas pueden estar relacionadas con el calor o la falta de hidratación.
- Aumento repentino de la confusión o la desorientación: en personas con Alzheimer, la deshidratación puede manifestarse como un empeoramiento brusco de los síntomas cognitivos habituales.
- Mareos o sensación de inestabilidad: pueden incrementar el riesgo de caídas y requieren especial atención en las personas mayores.
- Temperatura corporal elevada: cuando el organismo tiene dificultades para regular la temperatura, puede aparecer fiebre o una sensación intensa de calor que requiere actuar con rapidez.
Ante cualquiera de estas señales, es recomendable favorecer la hidratación, trasladar a la persona a un lugar fresco y consultar con profesionales sanitarios si los síntomas persisten o empeoran.
Ante síntomas intensos, empeoramiento del estado general, pérdida de conciencia o sospecha de golpe de calor, es fundamental solicitar atención médica urgente. La actuación temprana puede resultar clave para evitar consecuencias graves para la salud.
El verano con un familiar con Alzheimer: retos y oportunidades
El verano plantea retos y oportunidades específicas tanto para personas cuidadoras como para quienes viven con la enfermedad. Disfrutar del verano juntos es posible y, para eso, es importante buscar momentos de calidad y actividades compartidas que se adapten a las capacidades cognitivas de la persona con Alzheimer.
Ofrecemos algunas propuestas, siempre abiertas a la creatividad y las preferencias personales:
- Dar paseos diarios al aire libre en las horas de menos calor, particularmente por lugares sombreados, jardines o parques.
- Realizar ejercicios suaves en casa: estiramientos y ejercicios guiados de psicomotricidad. Si es posible y seguro, se puede aprovechar la piscina para ejercicios de movilidad; siempre bajo vigilancia.
- Jugar a juegos de mesa: dominó, cartas, sopas de letras o puzles, siempre ajustando el nivel de dificultad a las capacidades de la persona.
- Escuchar música, particularmente aquella personalmente significativa, y música animada que invite a bailar.
- Favorecer la participación de la persona con Alzheimer en la preparación de recetas sencillas y frescas, como ensaladas, brochetas, canapés, batidos o macedonias.
- Realizar actividades de jardinería básica: regar plantas, plantar semillas o eliminar malas hierbas en el jardín.
“Verano y Alzheimer”, un binomio compatible
El binomio “verano y Alzheimer” no tiene por qué ser un trasiego o una fuente de tensión. Tener a un ser querido con enfermedad de Alzheimer puede conllevar que las vacaciones no sean exactamente como desearíamos y que sea necesario planificar algunos aspectos con más atención. Además, las altas temperaturas pueden representar un desafío añadido, ya que las personas con Alzheimer pueden tener más dificultades para reconocer la sed, el calor o el malestar físico asociado a la deshidratación.
Sin embargo, con algunas medidas de prevención, una buena organización y expectativas realistas, es posible disfrutar de esta época del año de forma segura y satisfactoria. Mantener ciertas rutinas, favorecer la hidratación, protegerse del calor y adaptar las actividades a las capacidades y preferencias de la persona afectada puede contribuir significativamente a su bienestar.
Asimismo, el verano puede ofrecer oportunidades para compartir tiempo de calidad, fortalecer los vínculos familiares y facilitar espacios de descanso para quienes cuidan. En definitiva, con los apoyos adecuados, el verano puede convertirse en una experiencia beneficiosa tanto para la persona con Alzheimer como para su entorno cercano.
Preguntas frecuentes
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¿El calor empeora el Alzheimer?
En verano, las personas con Alzheimer pueden ser más vulnerables al calor: les cuesta más percibir la sed o regular la temperatura, y las altas temperaturas pueden intensificar temporalmente la confusión o la desorientación. Por eso conviene extremar la hidratación, evitar las horas de más calor y mantener un entorno fresco. -
¿Cuáles son los síntomas de un golpe de calor en una persona mayor?
Entre las señales de alerta están la temperatura corporal muy elevada, la piel caliente y seca, la sed intensa, la debilidad o somnolencia, los mareos y un aumento repentino de la confusión o la desorientación. En personas con Alzheimer, este último signo puede ser el más visible, aunque puede responder a otras causas pero, en cualquier caso, requiere actuar con rapidez, particularmente cuando se observa un cambio brusco.
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¿Qué hacer ante un golpe de calor en una persona mayor?
Conviene trasladarla a un lugar fresco, aflojar la ropa, refrescar la piel con paños húmedos en cuello y muñecas y favorecer la hidratación. Ante síntomas intensos, pérdida de conciencia o empeoramiento del estado general, debe solicitarse atención médica urgente.
Referencias y enlaces de interés
- National Institute on Aging. (2022). Hot weather safety for older adults.
- Organización Mundial de la Salud (2024). Calor y salud.
- Núñez-Rodríguez, S., Collazo-Riobó, C., Sedano, J., Sánchez-Iglesias, A. I., & González-Santos, J. (2025). Heat Tolerance in Older Adults: A Systematic Review of Thermoregulation, Vulnerability, Environmental Change, and Health Outcomes.Healthcare,13(21), 2785.
Los contenidos del Blog cuentan con la dirección técnica de la Dra. Nina Gramunt Fombuena, neuropsicóloga experta en formación y divulgación. Además, en los temas que tratamos, contamos con el asesoramiento del Dr. Oriol Grau Rivera y la participación de otros profesionales de la Fundación Pasqual Maragall, así como investigadores y expertos del Barcelonaβeta Brain Research Center, nuestro centro de investigación.
Nos comprometemos a poner todo nuestro conocimiento al servicio de estos contenidos de manera comprensible, pero siempre manteniendo el máximo rigor. Confiamos en que el Blog Hablemos del Alzheimer sea de gran utilidad y suponga una fuente de información de referencia al servicio de las personas afectadas y sus familias, de las personas cuidadoras y de todas aquellas interesadas en conocer mejor el Alzheimer y cuestiones relacionadas con esta enfermedad.
2 de julio de 2026
6 de junio de 2022
Dra. Nina Gramunt Fombuena
Dirección técnica y editorial del blog
Psicóloga General Sanitaria y Experta en Neuropsicología Clínica, con una trayectoria de más de 25 años, su principal foco desde la asistencia clínica, la investigación y la docencia siempre ha sido el envejecimiento cognitivo y la demencia y, particularmente, la enfermedad de Alzheimer.
Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña (COPC). Nº de colegiada: 9747.
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