El valor de las rutinas para las personas con Alzheimer: cómo la estabilidad influye en su bienestar y facilita su día a día
Las rutinas diarias son una potente herramienta para mejorar el bienestar de las personas con Alzheimer y de quienes cuidan de ellas. Cuando el día sigue una estructura clara y predecible, la persona se siente más segura, disminuye la ansiedad y se facilita la organización del día a día de una persona con Alzheimer. Las rutinas ayudan a establecer orden, aportan continuidad y permiten integrar actividades significativas que refuerzan la dignidad y la autonomía en la enfermedad del Alzheimer.
Apuntes clave del artículo
En este artículo damos información esencial y basada en evidencia sobre cómo estructurar el día a día de una persona con Alzheimer. Los puntos clave que se abordan en el artículo son los siguientes:
- Qué son las rutinas para personas con Alzheimer y por qué son tan importantes para reducir la confusión, la agitación y el estrés.
- Qué beneficios aportan las rutinas ante el Alzheimer, incluyendo mejoras en la autonomía, el bienestar emocional y las actividades de la vida diaria.
- Qué dice la evidencia científica sobre la eficacia de las rutinas en las dinámicas diarias.
- Qué sugerencias y consejos se deben tener en cuenta para diseñar y mantener una buena rutina.
¿Por qué importan las rutinas en el día a día de una persona con Alzheimer?
El cerebro de una persona con Alzheimer sufre varios cambios en el transcurso de la enfermedad, lo que afecta a diferentes capacidades cognitivas, como la memoria, la capacidad de planificación y la orientación en tiempo, espacio y persona. Consecuencia de estas alteraciones la persona afectada puede percibir diversas situaciones habituales (la ducha, la comida, salir de casa) como confusas o incluso amenazantes si se le presentan de forma impredecible. Las rutinas actúan como un “andamiaje”: ayuda a que la persona sepa qué viene después, se sienta menos desbordada y pueda ser más protagonista de su propia vida.
Hay estudios sobre cuidados en demencia que muestran que cuando se estructura el día, es decir, cuando las actividades se organizan en un orden relativamente estable y con horarios similares, disminuyen la agitación, la irritabilidad y otras conductas difíciles o disruptivas, y se preserva durante más tiempo la capacidad para realizar actividades cotidianas. No se trata de imponer un horario rígido, sino de crear un ritmo previsible, adaptado a la persona. Es importante que, cuando otras personas distintas a la cuidadora principal se ocupen de atender a la persona con Alzheimer conozcan y respeten sus rutinas habituales. Las rutinas están relacionadas con la familiaridad, algo que las personas con demencia suelen experimentar en un sentido de continuidad y completitud de sus días (Margot-Cattin et al., 2021).
Beneficios de las rutinas en personas con Alzheimer
Las rutinas son beneficiosas en el día a día de una persona con Alzheimer por distintas razones. Veamos algunas de las más relevantes:
- Aporta seguridad y reducen la confusión. Cuando todos los días se parecen un poco al anterior, la persona con Alzheimer necesita menos esfuerzo mental para entender qué está pasando y qué se espera de ella.
- Disminuyen la ansiedad y la agitación. Algunas revisiones de terapias no farmacológicas en personas con Alzheimer y guías clínicas coinciden en que un día estructurado, con menos sorpresas y más señales previsibles, ayuda a reducir la manifestación de síntomas conductuales y psicológicos como la inquietud, la agresividad o rasgos depresivos.
- Facilitan el funcionamiento diario. La combinación de adaptaciones del entorno con rutinas claras es clave para que fluyan mejor y disminuyan las dificultades en actividades como el baño o el vestido y mantener más tiempo la capacidad para realizar estas tareas.
- Mejoran la calidad de vida de quien cuida. Tener una estructura diaria aumenta la sensación de control de las personas cuidadoras y reduce su malestar ante las conductas difíciles, algo que se ha demostrado en varios estudios de intervención en el hogar.
En resumen, las rutinas son buenas porque simplifican el día, disminuyen el nivel de estrés general y crean condiciones más favorables para el bienestar emocional.
Evidencia científica que respalda los beneficios de las rutinas
Hace décadas que los beneficios de las rutinas para las personas con Alzheimer o con demencia por otras causas, son conocidos. Por ejemplo, un ensayo aleatorizado de Gitlin y colaboradores publicado en 2001 evaluó una intervención en el hogar que combinaba cambios ambientales con la estructuración de actividades diarias. Se enseñó a las personas cuidadoras a organizar mejor el día (por ejemplo, dividir el baño o el vestido en pasos simples, hacerlos siempre en el mismo orden, usar señales visuales) y a reducir demandas innecesarias.
El resultado fue que las personas con demencia mantuvieron mejor su funcionamiento en actividades de la vida diaria y presentaron menos problemas de conducta durante esas tareas, mientras que las personas cuidadoras se sintieron más capaces y menos desbordadas.
Posteriormente, en 2012, Gitlin y su equipo se centraron en diseñar actividades significativas “a medida” e integrarlas en momentos concretos de la rutina diaria, especialmente en las franjas donde solía aparecer agitación o malestar (por ejemplo, al atardecer). Estas actividades se repetían de forma consistente, convirtiéndose en parte del horario habitual del día. Se observó una reducción clínicamente significativa de síntomas neuropsiquiátricos (como irritabilidad, apatía o agitación) y una disminución de la sobrecarga de las personas cuidadoras, sin necesidad de recurrir a más medicación de la pautada.
Una revisión del mismo grupo publicada en JAMA en 2012 sobre manejo no farmacológico de los síntomas conductuales en demencia resalta que casi todas las intervenciones eficaces tienen un elemento común: la planificación de un día estructurado, con rutinas estables y actividades programadas. En esta revisión se subraya que organizar el tiempo (qué se hace, cuándo y cómo) es una de las primeras medidas recomendadas para disminuir conductas difíciles, antes incluso de recurrir a fármacos.
Qué rutinas seguir con personas con Alzheimer
No existe una única rutina válida para todas las personas con Alzheimer. La clave es que sea estable, sencilla, flexible y ajustada a la historia de vida, gustos y capacidades actuales de la persona. Aun así, pueden proponerse algunas líneas generales para estructurar el día:
Rutinas básicas de cuidado personal
- Horario de levantarse y acostarse relativamente fijo. Procurar que la persona se levante y se acueste cada día en una franja horaria similar ayuda a regular el sueño y contribuye a reducir la confusión nocturna.
- Secuencia estable para la higiene. Por ejemplo: ir al baño, lavarse la cara y manos, cepillarse los dientes, peinarse, siempre en el mismo orden y, si es posible, en el mismo momento del día. Desglosar estas tareas en pasos simples y repetir la misma secuencia puede ayudar a conservar más autonomía y a disminuir la resistencia al cuidado.
- Comidas a horas regulares. Procurar que el desayuno, la comida y la cena sean a horarios previsibles, en un lugar habitual, con objetos reconocibles (la misma mesa, el mismo mantel. Todo ello es favorecedor del apetito y del sentido de orientación.
Rutinas de actividad física y descanso
- Momentos fijos para la actividad física. Un paseo diario, ejercicios suaves o de movilidad (subir y bajar algunos escalones, ejercicios de brazos y piernas en la silla) incorporados cada día a la misma hora reducen el riesgo de agitación y mejoran el estado de ánimo.
- Espacios de descanso planificados. Pequeñas siestas o ratos de relajación, siempre en las mismas franjas horarias, permiten que la persona no se canse en exceso durante el día, lo que puede disminuir la agitación vespertina.
Rutinas de estimulación y conexión
- Actividades significativas integradas en el día. A partir de lo que le gustaba a la persona (cocinar, escuchar música, leer, coser, cuidar plantas), se pueden elegir algunas actividades sencillas y repetirlas en momentos concretos. Si se llevan a cabo en momentos del día en los que se ha detectado que es más frecuente la aparición de conductas de difícil manejo, pueden llegar a transformar esos ratos en experiencias positivas.
- Rituales diarios de vínculo con la persona cuidadora (u otros seres queridos). Por ejemplo, ver fotos familiares después de comer, escuchar siempre la misma canción antes del paseo, o tomar un café o una infusión juntos a media tarde. La repetición de esos pequeños rituales genera una sensación de continuidad y pertenencia, incluso cuando se olvidan detalles concretos.
Estructura general de rutinas de un día tipo
Un “día tipo”, sin pretender ser una estructura rígida y siempre adaptándola a cada persona, podría incluir:
- Mañana: levantarse, higiene, desayuno, paseo corto o ejercicio suave, breve actividad cognitiva en función de la capacidad de la persona (hojear el periódico, comentar una foto, clasificar objetos por colores…).
- Mediodía: comida, breve descanso, tarea doméstica ligera (ayudar a recoger la mesa, doblar servilletas, regar plantas…).
- Tarde: participar en una actividad significativa (escuchar música o bailar, realizar alguna manualidad, actividad de reminiscencia con fotos u objetos personales…), merienda y breve paseo o ejercicios de psicomotricidad.
- Noche: cena, rutina tranquila (mirar la televisión, preferentemente contenidos conocidos y relajados, escuchar música suave, mantener una conversación sencilla), higiene básica y preparación para ir a la cama, siempre siguiendo el mismo orden
Esta estructura puede servir como base para adaptarla a cada caso individual. Lo importante es que la persona con Alzheimer y quienes cuidan de ella estén familiarizadas con el “ritmo” del día y que haya coherencia de un día a otro.
Sugerencias para diseñar y mantener una buena rutina
En general, las rutinas funcionan mejor cuando se diseñan y revisan quienes conocen bien a la persona con Alzheimer y contando con su opinión y preferencias siempre que sea posible. Algunos principios clave son:
- Partir de la historia de vida. Tener en cuenta qué le gustaba hacer antes, con qué disfruta, qué le resulta más fácil ahora, y adaptar las actividades y su orden en el día.
- Dividir tareas complejas. Desglosar actividades como la ducha, la higiene bucodental o el vestido en pasos cortos y repetibles facilita la autonomía y contribuye a disminuir la resistencia si la hay.
- Usar apoyos visuales y ambientales. Emplear rótulos en puertas, colocar los objetos siempre en el mismo sitio, procurar una buena iluminación y reducir los ruidos ayudan a que la rutina sea más fácil de seguir.
- Introducir cambios de forma gradual. Si es necesario modificar la rutina (por ejemplo, por un cambio de medicación o de domicilio, como en vacaciones), conviene hacerlo poco a poco, por ejemplo, ajustando un elemento cada vez y observando la respuesta de la persona.
- Cuidar también a quien cuida. En las intervenciones orientadas a las personas cuidadoras se pueden obtener pautas para planificar el día, manejar conductas difíciles y ayudarlas a proteger su propio descanso son ayudas para reducir la sobrecarga y mejorar la convivencia. Un ejemplo de ello son los programas ofrecidos por la Fundación Pasqual Maragall.
Las rutinas ayudan a la persona con Alzheimer y a la familia
En conjunto, las rutinas aportan beneficios en dos planos que se sostienen mutuamente:
- Para la persona con Alzheimer:
- Mayor sensación de seguridad y control.
- Reducción de agitación, irritabilidad y otros síntomas conductuales cuando el día está bien estructurado.
- Mejor conservación de capacidades para actividades básicas y cotidianas gracias a la repetición organizada y al apoyo ambiental.
- Para la familia y las personas cuidadoras:
- Menos sorpresas y situaciones de crisis, lo que facilita la organización del tiempo.
- Mayor autoeficacia y menor malestar ante las conductas difíciles.
- Más espacio para momentos de vínculo positivo, al reducir la sensación de estar siempre en alerta y con sensación de imprevisibilidad.
En definitiva, las rutinas son buenas para las personas con Alzheimer porque ponen orden donde la enfermedad introduce caos, y lo hacen de una manera respetuosa y centrada en la persona.
Organizar el día alrededor de actividades significativas, repetidas de forma previsible, no solo mejora síntomas y funcionamiento, sino que también facilita la relación de cuidado y acompañamiento, permitiendo que haya más lugar para la calma, la conexión y la dignidad. No se trata solo de “ocupar el tiempo”, sino de crear estructuras cotidianas que den sentido, reduzcan el estrés y sostengan tanto a la persona con Alzheimer como a quienes la acompañan.
Referencias y enlaces de interés
- Gitlin, L. N., Corcoran, M., Winter, L., Boyce, A., & Hauck, W. W. (2001). A randomized, controlled trial of a home environmental intervention: effect on efficacy and upset in caregivers and on daily function of persons with dementia. The Gerontologist, 41 (1), 4-14.
- Gitlin, L. N., Winter, L., Burke, J., Chernett, N., Dennis, M. P., & Hauck, W. W. (2008). Tailored activities to manage neuropsychiatric behaviors in persons with dementia and reduce caregiver burden: a randomized pilot study. The American Journal of Geriatric Psychiatry, 16 (3), 229-239.
- Gitlin, L. N., Kales, H. C., & Lyketsos, C. G. (2012). Nonpharmacologic management of behavioral symptoms in dementia. JAMA, 308 (19), 2020-2029.
- Margot-Cattin, I., Kühne, N., Öhman, A., Brorsson, A., & Nygard, L. (2021). Familiarity and participation outside home for persons living with dementia. Dementia (London, England), 20 (7), 2526-2541.
- Alzheimer Society (Canada). Setting routines and reminders.
- Age UK. Importance of daily routines.
- Brigham and Women’s Hospital. Harvard Medical School. Routines and daily care plans.
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