¿Es bueno cambiar de casa a una persona con Alzheimer? Una duda frecuente cuando ya no puede vivir sola
Tomar decisiones acerca de la vivienda o el lugar de residencia óptimo para una persona con Alzheimer suele ser una cuestión muy difícil para las familias. El temor a perjudicar su bienestar, la culpa o preguntarse si aún puede vivir sola, son algunos de los elementos que hacen plantearse si es bueno cambiar de casa a una persona con Alzheimer. En este artículo se profundiza en esta cuestión y se ofrecen ideas para aportar un poco de claridad a su complejidad.
Apuntes clave del artículo
En este artículo ofrecemos información esencial para ayudar a tomar la decisión de si es conveniente cambiar de casa a una persona con Alzheimer. Los puntos clave que se abordan son los siguientes:
- Qué implica cambiar de casa a una persona con Alzheimer: para reducir la confusión, la agitación y el estrés.
- Cuándo es seguro que una persona con Alzheimer viva sola y qué señales indican que ya no puede hacerlo.
- Cómo valorar si un traslado es adecuado, teniendo en cuenta la fase de la enfermedad, la red de apoyo y la seguridad del entorno.
- Qué alternativas existen cuando ya no es seguro que siga viviendo sola: convivencia familiar, apoyos en domicilio o residencia especializada.
- Cómo tomar decisiones familiares difíciles sin culpa, priorizando la dignidad y el bienestar de la persona.
Una decisión que no es blanco o negro
Cambiar de casa a una persona con Alzheimer no admite respuestas tajantes del tipo “siempre es bueno” o “siempre es malo”. Cada situación es única y en ella influyen distintos factores:
- La fase de la enfermedad.
- La salud física.
- La red de apoyo.
Cambiar de casa puede aportar mayor seguridad y acompañamiento, pero también puede generar tristeza, sensación de pérdida y desorientación durante un tiempo.
Al mismo tiempo, mantener a la persona en su casa puede ser positivo mientras el entorno sea seguro y no esté aislada. El problema surge cuando la vivienda y la forma de vida dejan de ajustarse a sus capacidades y aparecen riesgos que ya no se pueden compensar con pequeños apoyos.
Beneficios potenciales de cambiar de casa a una persona con Alzheimer
A menudo, la mudanza se plantea para reducir riesgos y mejorar la calidad de vida. Cambiar a una vivienda más accesible (sin escaleras, con una distribución más conveniente, menos barreras…) disminuye la probabilidad de caídas y facilita el día a día. Vivir más cerca de familiares o en la misma casa facilita la compañía, la ayuda con la medicación, la supervisión de la alimentación, de la higiene o del uso del baño.
Otra posibilidad por la que puede plantearse un cambio de casa es el acceso más sencillo a recursos formales: centros de día, servicios de ayuda a domicilio, programas de estimulación cognitiva o centros de salud. Es importante combinar la red de apoyo familiar con recursos sociales cognitiva para mantener el máximo bienestar posible.
Posibles riesgos y dificultades al cambiar de casa a una persona con Alzheimer
Como sucede con muchas cosas, hay que atender también a lo que puede salir no tan bien. Cambiar de entorno puede provocar un aumento temporal de la confusión, el miedo y la agitación, sobre todo en fases moderadas o Alzheimer avanzado, en las que la persona ya no entiende bien qué está pasando. Es posible que, al principio, no reconozca el nuevo hogar como “suyo”, no encuentre el baño o su habitación y se muestre más irritable o triste.
Además, el cambio puede vivirse como una pérdida: de la casa propia, del barrio, de la sensación de control sobre la propia vida. Las personas mayores valoran mucho su autonomía y su historia vinculada a un lugar; romper con eso, aunque sea por su seguridad, puede doler profundamente. El reto está en reconocer ese dolor, acompañarlo con respeto y, a la vez, sostener con serenidad que la decisión se toma para proteger su bienestar y su dignidad.
¿Una persona con Alzheimer puede vivir sola?
En fases iniciales, la persona con Alzheimer podría vivir sola en su hogar, siempre que cuente con supervisión frecuente, una buena red de apoyo y, tal vez, ayudas técnicas. Sin embargo, cuando la demencia progresa, el hecho de vivir sola suele asociarse a más actividades potencialmente inseguras (por ejemplo, mala gestión de la medicación o inadecuado control del uso del gas o de electrodomésticos), sobre todo si hay poca conciencia de las propias dificultades (anosognosia).
Hay algunas señales que pueden actuar de indicadores para empezar a plantearse seriamente tomar decisiones:
- Si la persona empieza a desorientarse en su propio barrio..
- Necesita ayuda para volver a casa.
- Su nevera está llena de comida caducada o exceso de productos repetidos.
- Si la higiene personal se deteriora mucho.
Señales de que la persona con Alzheimer ya no puede vivir sola
Hay algunas señales que, particularmente cuando se suman, apuntan claramente a que la persona ya no puede seguir viviendo sola, aunque duela admitirlo. Entre ellas destacan:
- Riesgos en la cocina: dejar el gas abierto, quemar alimentos con frecuencia, pequeños incendios o uso inadecuado de electrodomésticos.
- Caídas o golpes repetidos, moratones sin explicación clara, dificultad creciente para moverse por la casa o levantarse de la cama o del sillón.
- Desorientación marcada fuera de casa: perderse en el barrio, necesitar que policía o vecinas la acompañen de vuelta, no reconocer su propio portal.
- Deterioro del autocuidado: mala higiene, ropa muy sucia, casa en condiciones insalubres, acumulación de comida caducada o escasa comida adecuada en la nevera.
- Problemas con la medicación: olvidos frecuentes, duplicar dosis, incapacidad para seguir pautas médicas sencillas.
Condiciones mínimas para que una persona con Alzheimer pueda vivir sola
De forma general, que una persona con Alzheimer siga viviendo sola queda limitado a fases muy iniciales de la enfermedad, con las capacidades cognitivas suficientemente preservadas y capacidad de pedir ayuda. Incluso así, es frecuente que haya dificultades para percibir sus propias limitaciones, lo que agrava el riesgo de situaciones peligrosas si no hay supervisión suficiente.
Para que sea mínimamente seguro, se necesita una red clara de apoyos:
- Visitas frecuentes de familiares o amistades.
- Vecindario informado y dispuesto a ayudar.
- Teleasistencia o sistemas de alarma.
- Teléfono con marcación simplificada.
- Adaptaciones del hogar para personas con Alzheimer (sin obstáculos, con buena iluminación, baño seguro, cocina lo más sencilla posible).
Además, es una decisión que debe revisarse periódicamente, porque la enfermedad progresa y lo que hoy es aceptable puede dejar de serlo en poco tiempo.
Contemplar la soledad como factor de riesgo
Vivir sola no es solo una cuestión de seguridad física, también lo es de bienestar emocional. Algunos estudios han apuntado que, en personas con demencia, la soledad y la falta de apoyo emocional incrementan la angustia, la ansiedad y la vulnerabilidad. Además, la soledad no deseada en personas mayores se asocia a peor funcionamiento cognitivo y a un mayor riesgo de deterioro en el tiempo.
Por eso, además de las cuestiones prácticas del día a día, es importante preguntarse: ¿tiene con quién hablar?, ¿se siente acompañada?, ¿recibe visitas con regularidad?, ¿participa en actividades o acude a algún centro colectivo?, ¿puede mantener sus rutinas? Si la respuesta es “no” a la mayoría de preguntas, la situación haría inclinar la balanza a favor de un cambio de modelo de convivencia.
¿Qué opciones hay cuando ya no es seguro que siga viviendo sola?
Cuando se reconoce que la persona con Alzheimer ya no puede vivir sola, el siguiente paso es pensar y elegir la alternativa más adecuada.
- Una posibilidad es que se traslade a casa de un familiar u otra persona cuidadora. Esto puede ofrecer más compañía, afecto y supervisión, pero exige reorganizar la vida familiar, repartir tareas y, muchas veces, adaptar la vivienda a las nuevas necesidades. Es importante asumir que quien cuida necesitará también apoyo para evitar la sobrecarga.
- Otra opción es a reforzar al máximo los apoyos en su propia casa. (más horas de ayuda a domicilio, visitas muy frecuentes, asistencia a un centro de día…) y, si aun así la situación sigue siendo insegura, valorar otras alternativas.
- En ocasiones, el planteamiento se orienta hacia un modelo distinto de cuidado, como el que puede ofrecer una residencia especializada donde haya personal formado y atención las 24 horas del día que ofrezca un entorno mejor preparado para las necesidades de la persona con Alzheimer y las posibilidades de atención que le puede brindar la familia. Hay que procurar no vivir esta opción como un abandono, sino como un recurso más dentro de una red de cuidados, especialmente en fases avanzadas o cuando hay alta dependencia. Es esencial visitar los centros, hacer preguntas, conocer al equipo y comprobar que se respeta la dignidad y prima una atención centrada en la persona.
Dialogar y decidir en familia
Es normal sentir culpa cuando surge la duda de si es bueno cambiar de casa a una persona con Alzheimer. En función de la decisión tomada, pueden oírse frases como “le prometí que nunca la llevaría a una residencia” o “siento que le quito su casa”. Estos sentimientos merecen ser escuchados y validados, pero también es importante recordar que las promesas se hicieron en un momento en el que nadie sabía cómo evolucionaría la enfermedad ni qué riesgos aparecerían.
Hablar en familia, con calma, poniendo en el centro la seguridad y el bienestar de la persona, ayuda a repartir la responsabilidad y a evitar que alguien quede “como el malo de la película”. Siempre que sea posible, conviene incluir a la propia persona en la conversación, a adaptando el lenguaje a su comprensión y teniendo en cuenta lo que hubiera expresado antes de que la enfermedad avanzara. Además, pedir orientación profesional (equipo médico, trabajo social, psicología, asociaciones de Alzheimer) no solo aporta información, sino también apoyo emocional a quienes cuidan.
Conclusiones
- No se trata de elegir entre “que viva sola o que pierda su libertad”, sino de encontrar la forma más segura y respetuosa de vivir en cada momento de la enfermedad.
- Determinar si es bueno cambiar de casa a una persona con Alzheimer es una decisión compleja que debe valorarse con calma, poniendo por delante su seguridad, su dignidad y su bienestar emocional.
- Vivir sola puede ser posible durante cierto tiempo, pero las señales de alarma (riesgos de seguridad, incapacidad de autocuidado, aislamiento) indican que es el momento de buscar alternativas.
- Tomar estas decisiones nunca es fácil; hablarlo, compartir la carga y pedir orientación profesional puede marcar una gran diferencia.
Referencias y enlaces de interés
- Gilmour H, Gibson F, Campbell J. Living Alone with Dementia. A Case Study Approach to Understanding Risk Dementia, 2003;2(3):403-420.
- Evans, I. E. M., Llewellyn, D. J., Matthews, F. E., Woods, R. T., Brayne, C., & Clare, L. (2019). Living alone and cognitive function in later life Archives of Gerontology and Geriatrics, 81 , 222–233.
- Lehmann, S. W., Black, B. S., Shore, A., Kasper, J., & Rabins, P. V. (2010). Living alone with dementia: lack of awareness adds to functional and cognitive vulnerabilities. International psychogeriatrics, 22(5), 778–784.
- NIH. National institute on Aging. Encontrar el lugar adecuado para la persona con Alzheimer.
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