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Cómo sobrellevar el duelo por la pérdida de un ser querido


Cuando perdemos a un ser querido, se inicia un proceso de duelo, necesario e inevitable, que nos ha de llevar a aceptar esa pérdida en nuestras vidas. El dolor que sentimos nos ayuda a reconducir y reencontrar nuestro sentido de la vida, encajando la pérdida en una nueva fase vital.

En ocasiones relacionamos el concepto de duelo con la pérdida final de algún ser querido, pero cuando hablamos de duelo nos referimos a un proceso más amplio. En el caso de la enfermedad de Alzheimer, ya desde el diagnóstico, tanto la persona afectada como sus familiares, pueden experimentar sensación de pérdida: pérdida de salud, de un proyecto de vida, de una relación tal y como la había concebido, pérdida de libertad, pérdida del otro… pérdidas que en un primer momento son más propias de un duelo anticipatorio, en el que se vive la amenaza de la pérdida, más que la pérdida en sí. Con el paso del tiempo estas pérdidas se van materializando. 

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La manera como sobrellevamos la pérdida de un ser querido será determinante en el proceso de duelo. Tras la pérdida entran en juego una serie de emociones, en ocasiones desconcertantes e incluso contradictorias. Lo más importante para que una emoción pueda seguir su curso de forma natural, es reconocerla: ser consciente de lo que sentimos, aceptar nuestros sentimientos y acompañarlos. 

Durante el proceso de duelo se atraviesan diferentes fases. Conocerlas nos ayudará a entender si estamos atravesando alguna de ellas y a acompañar los sentimientos que vayan apareciendo. No juzgándolos negativamente, si no aceptándolos como parte de un proceso necesario para llegar a una buena adaptación a la nueva situación. Estas fases son el shock, la negación, la rabia o la ira, la tristeza y la pena y, finalmente, la aceptación. Pero no todas las personas tienen por qué sufrirlas todas ni en este orden.

Es normal sentirse confuso ante los propios sentimientos y pensamientos mientras vivimos el duelo. Podemos sentir incredulidad, confusión, preocupación, problemas de atención o de concentración y memoria… También podemos sentir impotencia, frustración, tristeza, ansiedad, angustia, apatía, irritabilidad, culpa, soledad… Estas manifestaciones pueden llegar a reflejarse a nivel somático: vacío en el estómago, boca seca, opresión en el tórax, falta de aire, dolor de cabeza, alteraciones del sueño o alimentación, etc. y también a nivel conductual: aislamiento social, lloro continuo, conducta distraída, descontrol en las actividades de la vida diaria, etc.

Todo esto forma parte de un proceso de duelo normal ante la pérdida de un ser querido. Si lo estamos pasando, es importante aceptarlo, no juzgarse a uno mismo y acompañar nuestro propio duelo. Aunque resulte difícil, es necesario buscar momentos de reflexión para evaluar cómo nos encontramos, qué sentimos y qué nos puede ayudar a llegar a una fase de aceptación global, donde hayamos encajado la pérdida en nuestra vida, y volvamos a tener ilusiones y encontrar motivos por los que vivir.

Debemos estar atentos a los indicios de un proceso de duelo complicado, sea propio o de personas de nuestro entorno. Este se produce cuando los síntomas causan un desajuste en el área social o laboral que persiste en el tiempo: la persona no es capaz de rehacer su vida o el estado de ansiedad o depresión dificulta la actividad diaria. En el caso de tener sospechas de ello, se debería buscar ayuda profesional. 

¿Qué podemos hacer para afrontar la situación de duelo de forma menos dolorosa? 

La elaboración del duelo suele durar entre uno y dos años. Los siguientes consejos pueden resultar útiles para superar el dolor y poder seguir con nuestro proyecto de vida:

  • Vivir el presente y mirar hacia adelante. Aunque los recuerdos del ser querido nos acompañarán siempre, su intensidad y frecuencia irán disminuyendo con el transcurso del tiempo. 
  • Desechar sentimientos de culpabilidad. Normalmente estos sentimientos son injustificados. Es fácil juzgar situaciones del pasado, pero es en el presente cuando hacemos aquello que creemos que es lo mejor, y lo hacemos con las herramientas, conocimiento y circunstancias de las que disponemos en ese momento. 
  • Poco a poco, ir recuperando las aficiones, las actividades de ocio y la vida social, adaptándola a la nueva situación, sin forzar el querer reproducir la anterior. 
  • Hablar de nuestro dolor y comunicar nuestro sufrimiento siempre nos va a ayudar a liberarlo. Compartir con otros nuestro estado emocional ayuda a manejar y gestionar nuestros sentimientos para que no se enquisten. 
  • Cuidar nuestra salud y estado físico, manteniendo una alimentación equilibrada, realizando ejercicio físico moderado y regular y procurando un sueño y descanso reparadores. 
  • También es importante no olvidar dedicar un tiempo a la reflexión, al autoconocimiento, a saber cómo nos encontramos y detectar nuestras necesidades para sentirnos bien. De esta manera podremos movilizar nuestros propios recursos y habilidades de afrontamiento, potenciando la resiliencia
  • Buscar apoyos en nuestro entorno más cercano, ya sea de la familia o de los amigos. 
  • Pedir ayuda profesional. Si, a pesar del paso del tiempo, no nos vemos capaces de poner en marcha de nuevo nuestra vida, no encontramos alivio a nuestro dolor o, simplemente, sentimos que el sufrimiento resulta muy difícil de soportar, es necesario pedir ayuda. Profesionales especializados, como los psicólogos, pueden ayudar a elaborar o acompañar el proceso de duelo, amortiguando el sufrimiento y facilitando el camino hacia la aceptación. 

 

Dra. Sandra Poudevida

Psicóloga clínica especializada en duelo

Categorías: Consejos para afectados y cuidadores

06.02.2020

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