Prevención del maltrato a personas mayores: señales de alerta y cómo actuar ante el Alzheimer

Prevención del maltrato a personas mayores: señales de alerta y cómo actuar ante el Alzheimer

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17 junio, 2026
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    La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que 1 de cada 6 personas mayores de 60 años sufre maltrato. Cuando hablamos de maltrato a las personas mayores solemos pensar en situaciones muy visibles: una agresión física, un insulto, una negligencia evidente, una apropiación económica o un abandono. Sin embargo, hay formas de abuso y/o maltrato más sutiles, normalizadas y difíciles de detectar. Algunas aparecen incluso envueltas en buenas intenciones.

    No en vano, la Organización Nacional de las Naciones Unidas adopta y respalda de manera global el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, promoviendo la difusión, recursos educativos y eventos para prevenir la negligencia y la violencia.

    Apuntes clave del artículo

    En este artículo explicamos qué es el maltrato a las personas mayores, por qué el Alzheimer aumenta la vulnerabilidad y cómo prevenirlo desde el buen trato. Estos son los puntos clave:

    • Qué formas puede adoptar el maltrato a las personas mayores, incluidas las más sutiles.
    • Por qué el deterioro cognitivo y el Alzheimer aumentan el riesgo de maltrato.
    • Cómo distinguir entre apoyar la toma de decisiones y sustituir a la persona.
    • Cuáles son las señales de alerta que pueden detectar familiares y profesionales.
    • Cómo prevenir el maltrato desde el buen trato y el respeto a la autonomía.
    • Dónde pedir ayuda ante una sospecha de abuso o maltrato.

    Prevenir el maltrato a personas mayores empieza por detectarlo

    Una de las formas en que se inflige maltrato de forma sutil y a menudo inadvertida es la tendencia, todavía muy extendida, a “gobernar” la vida de las personas mayores: decidir por ellas, hablar en su nombre, limitar sus opciones o interpretar que, por tener una edad avanzada, necesitan que otras personas organicen su vida.

    Esta forma de control no siempre se percibe como maltrato, porque muchas veces aparece disfrazada de protección, cariño o prudencia. Pero cuando una persona mayor empieza a perder espacio para decidir sobre su propia vida, algo esencial se resquebraja: su autonomía, su dignidad y su reconocimiento como persona adulta.

    Esta tendencia no empieza con un diagnóstico de Alzheimer ni con la aparición de síntomas de deterioro cognitivo. Empieza mucho antes, cuando la edad se utiliza como excusa para dar por hecho que la persona ya no sabe lo que le conviene. Eso es edadismo. Y si esto ocurre con personas mayores plenamente capaces de expresar su voluntad, cabe preguntarse cuánto puede intensificarse cuando aparece un diagnóstico médico de deterioro cognitivo, Alzheimer u otra demencia.

    En esos casos, el riesgo es que la enfermedad se convierta en una coartada para decidir por la persona sin contar con ella. El entorno familiar, social o incluso profesional puede reaccionar desde el miedo, la preocupación o la necesidad de proteger. Y proteger es necesario, y para ello contamos con herramientas jurídicas. Pero proteger no debería significar sustituir. Acompañar no es decidir por la otra persona. Cuidar no es borrar su esencia, deseos o preferencias.

    Una persona con Alzheimer sigue siendo una persona adulta, con historia, derechos y capacidad para participar en las decisiones que afectan a su vida, especialmente en las fases iniciales. El diagnóstico no anula la identidad. Por eso, hablar de Alzheimer y maltrato exige mirar más allá de la enfermedad: nos obliga a revisar qué valor damos a su palabra y hasta qué punto respetamos su voluntad cuando necesita apoyos para expresarla.

    Tipos de maltrato a las personas mayores: señales para no mirar hacia otro lado

    El maltrato a las personas mayores puede adoptar formas muy diversas y, con frecuencia, varias aparecen combinadas.

    • Psicológico: cuando se humilla, amenaza, infantiliza, ignora o desvaloriza a la persona.
    • Económico: cuando se controla o utiliza su dinero, bienes o patrimonio sin respetar su voluntad.
    • Físico: cuando existe cualquier acción que causa daño, dolor, lesión o limitación.
    • Sexual: cuando se produce cualquier conducta de carácter sexual sin consentimiento o aprovechando una situación de vulnerabilidad.
    • Abandono: cuando la persona queda desatendida en aspectos básicos de su vida, como alimentación, higiene, medicación, acompañamiento o seguridad.
    • Negligencia: cuando no se proporcionan los cuidados necesarios, de forma voluntaria o involuntaria.
    • Contra la libertad y los derechos de la persona: como impedirle decidir, relacionarse, salir, comunicarse o participar en cuestiones que afectan a su vida.
    • Institucional: puede aparecer cuando un centro, servicio o institución no respeta la dignidad, intimidad, autonomía o derechos de la persona mayor.
    • Social: se relaciona con actitudes edadistas que excluyen, aíslan o reducen el valor social de las personas mayores.
    • Automaltrato: puede darse cuando la propia persona, por soledad, deterioro, sufrimiento emocional o falta de apoyos, deja de atender necesidades básicas para su bienestar y seguridad.

    Reconocer estas formas ayuda a entender que prevenir el maltrato no consiste solo en actuar ante lo evidente. También implica prestar atención a señales más sutiles, especialmente cuando la persona mayor tiene dificultades para expresar lo que vive o cuando su testimonio puede ser injustamente cuestionado.

    Alzheimer y maltrato: el riesgo de sustituir a la persona por su diagnóstico

    Uno de los grandes peligros tras un diagnóstico de Alzheimer es que la enfermedad empiece a ocupar todo. De pronto, la persona deja de ser escuchada como antes. Sus opiniones se ponen entre paréntesis, sus olvidos pesan más que sus deseos y sus errores se convierten en argumento para retirarle espacios de autonomía.

    A veces se hace de forma explícita: “Tú ya no entiendes”, “eso lo decidimos nosotros”, “no puede opinar porque tiene Alzheimer”. Otras veces ocurre de manera más silenciosa: se habla delante de la persona como si no estuviera, se reorganiza su casa sin preguntarle, se decide con quién debe vivir, qué debe firmar, qué actividades puede hacer o qué parte de su propia vida se le oculta.

    Cuando esa dinámica se instala, la persona puede quedar progresivamente apartada de su propio proyecto vital. Y eso también puede ser una forma de maltrato.

    Desde CONFEMAC trabajamos con una definición inspirada en la Declaración de Almería de 1995, que entiende el maltrato a las personas mayores como cualquier acto u omisión, único o reiterado, voluntario o involuntario, que cause daño o aflicción a una persona mayor. Este matiz es fundamental: no siempre tiene que existir una intención consciente de dañar para que exista maltrato. Si la conducta provoca sufrimiento, limita derechos, anula la voluntad o deteriora el bienestar de la persona mayor, debemos prestarle atención.

    Esta mirada es especialmente importante cuando hablamos de Alzheimer u otras demencias. Muchas familias cuidan desde el amor, pero también desde el miedo, el agotamiento o la falta de herramientas.

    Puede ocurrir, por ejemplo, que, ante síntomas psicológicos o conductuales difíciles de manejar, el entorno insista en mantener a la persona en casa “a toda costa”, rechazando cualquier apoyo externo o recurso residencial por culpa o miedo. Pero si esa decisión genera desatención, sufrimiento, aislamiento, conflictos constantes o un deterioro evitable del bienestar, debemos atrevernos a nombrarlo: aunque no haya voluntad de hacer daño, puede estar produciéndose una situación de maltrato o trato inadecuado.

    Reconocer esto no significa culpabilizar automáticamente a las familias cuidadoras. Significa comprender que cuidar bien también exige límites, apoyos, formación, descanso y capacidad para pedir ayuda. El buen trato no se mide solo por la intención de quien cuida, sino también por el efecto real que ese cuidado tiene en la vida de la persona cuidada.

    Apoyar la toma de decisiones no es lo mismo que sustituirla

    El avance de una demencia puede hacer que la persona necesite apoyos crecientes. Habrá decisiones complejas que requieran explicación, tiempo, acompañamiento, asesoramiento profesional o medidas jurídicas adecuadas. Pero el apoyo debe orientarse siempre a que la persona comprenda, valore alternativas y exprese sus preferencias en la medida de lo posible.

    En las fases iniciales del Alzheimer, muchas personas conservan capacidad para expresar qué les importa, cómo desean ser cuidadas, dónde quieren vivir, qué personas desean que las acompañen o qué decisiones quieren dejar previstas. Precisamente por eso, el diagnóstico temprano debería abrir una etapa de conversación, no de silenciamiento.

    Hablar del futuro puede ser difícil, pero no hablar de él puede ser mucho más injusto. La planificación anticipada, los documentos de voluntades, los poderes preventivos o las medidas de apoyo no deberían entenderse como una forma de quitar poder a la persona, sino como una oportunidad para preservar su voluntad. La pregunta no debería ser: “¿Quién va a decidir por ella cuando no pueda?”. La pregunta debería empezar mucho antes: “¿Qué quiere esta persona que se tenga en cuenta si algún día necesita más apoyo?”.

    Cuando el Alzheimer se utiliza para no creer

    Hay otra cuestión especialmente grave: la invalidación automática del testimonio de una persona mayor que denuncia o expresa una situación de abuso y/o maltrato por el hecho de tener Alzheimer o síntomas de demencia.

    Frases como “eso se lo habrá imaginado”, “confunde las cosas”, “es parte de la enfermedad” o “no se le puede hacer caso” pueden cerrar la puerta a la protección. Es evidente que una demencia, por sus síntomas cognitivos, puede afectar a la memoria, al lenguaje, a la orientación o a la interpretación de determinadas situaciones. Pero eso no significa que todo relato de malestar, miedo, daño o abuso deba descartarse sin más.

    Escuchar no significa creer acríticamente todo sin valorar el contexto. Significa no invalidar de entrada. Significa activar una mirada profesional, prudente y protectora: explorar qué está ocurriendo, observar señales, contrastar información, valorar riesgos y garantizar que la persona pueda expresarse en condiciones adecuadas.

    Una persona con Alzheimer puede tener dificultades para ordenar los hechos, recordar fechas o explicar detalles, pero puede estar comunicando una vivencia real de miedo, trato indigno, abuso económico, negligencia o violencia. Incluso cuando el relato sea fragmentado, repetitivo o confuso, merece atención. A veces, detrás de una frase aparentemente desorganizada hay una señal de alarma.

    El diagnóstico no debe convertirse en una coartada para el descrédito. Tener Alzheimer no puede significar perder automáticamente el derecho a ser escuchado.

    El edadismo y el estigma de la demencia: una combinación peligrosa 

    El maltrato hacia las personas mayores no nace solo de conductas individuales. También se alimenta de creencias sociales. El edadismo tiende a presentar a las personas mayores como menos capaces o legitimadas para decidir. Si a eso se suma el estigma asociado al Alzheimer, el riesgo se multiplica: la persona puede quedar reducida a su diagnóstico y dejar de ser escuchada como ciudadanía con derechos.

    Esta mirada puede aparecer en la vida cotidiana, pero también en el ámbito sanitario, social, jurídico o institucional. Por eso, prevenir el maltrato no consiste únicamente en detectar agresiones evidentes. También implica revisar prácticas normalizadas que, sin parecer violentas, reducen a la persona a su enfermedad y la apartan de las decisiones que afectan a su vida. No se trata de romantizar la enfermedad ni de negar su impacto: el Alzheimer exige cuidados, adaptación al cambio, paciencia y recursos, pero ninguna enfermedad justifica la pérdida de dignidad.

    Una realidad que también aparece en la atención directa

    Esta realidad no es solo una preocupación teórica. En la atención prestada a través del Teléfono contra el Abuso y Maltrato a las Personas Mayores de CONFEMAC, de un total de 4.103 casos atendidos hasta abril de 2026, 921 correspondían a personas mayores con algún tipo de deterioro cognitivo registrado, ya fuera un estado cognitivo bajo, con síntomas de demencia muy marcados, o un deterioro cognitivo incipiente.

    Además, en más del 20% de esos casos aparecía el abandono, combinado con otras formas de abuso y/o maltrato como el económico, el psicológico o el institucional. Estos datos refuerzan la necesidad de prestar especial atención a las situaciones en las que la pérdida de autonomía, la dependencia de cuidados o la dificultad para expresar lo que ocurre pueden aumentar la vulnerabilidad de la persona mayor.

    Señales de alerta en el entorno

    Hay situaciones que deberían hacernos prestar atención:

    • cuando otra persona responde siempre por la persona mayor aunque pueda expresarse;
    • cuando se le impide hablar a solas con profesionales;
    • cuando se justifican cambios patrimoniales, bancarios o de vivienda con frases como “es por su bien”;cuando se la aísla de amistades o familiares significativos;
    • cuando se infantiliza su trato, se ridiculizan sus olvidos o cualquier queja se atribuye automáticamente a la enfermedad.

    La autonomía no se expresa solo en grandes decisiones legales. También está en los pequeños gestos cotidianos y, cuando esos espacios desaparecen, la persona puede quedar reducida al objeto de cuidados en lugar de ser reconocida como sujeto de derechos.

    Cuidar desde el buen trato

    El buen trato no es solo ausencia de maltrato. En quienes viven con Alzheimer, implica adaptar la comunicación, ofrecer apoyos y proteger frente a riesgos, pero siempre desde una pregunta de fondo: “¿Cómo preservamos al máximo su voluntad, sus preferencias y su dignidad?”

    Cuidar bien no significa hacerlo todo por la persona. A veces significa dejar que siga haciendo lo que todavía puede hacer, aunque tarde más; permitir que tome decisiones sencillas; aceptar que la seguridad no puede convertirse en excusa para eliminar toda libertad; y comprender que el derecho a decidir incluye también el derecho a participar, opinar e incluso equivocarse dentro de márgenes razonables.

    Las familias también necesitan apoyo: prevenir el maltrato requiere recursos, orientación, formación y acompañamiento. No basta con pedirles que cuiden mejor; hay que ayudarlas a cuidar sin anular.

    Escuchar antes, escuchar mejor

    El momento inicial de una demencia es clave. Es una etapa delicada, pero también valiosa. La persona puede expresar cómo quiere ser acompañada, qué teme, qué desea conservar, qué apoyos acepta y qué límites quiere establecer. Perder esa oportunidad por miedo o por paternalismo es una forma de llegar tarde.

    Frente al Alzheimer, la sociedad necesita avanzar en investigación, diagnóstico y cuidados. Pero también en derechos. Una persona con Alzheimer no solo necesita atención sanitaria o apoyo familiar. Necesita seguir siendo reconocida como ciudadana, como adulta, como protagonista de su vida.

    En CONFEMAC defendemos que el buen trato a las personas mayores exige escuchar incluso cuando cuesta, preguntar incluso cuando creemos saber la respuesta y proteger sin “gobernarle la vida a nadie”. Porque el maltrato no siempre empieza con un golpe. A veces empieza el día en que dejamos de preguntar.

    ¿Dónde pedir ayuda?

    Ante una situación de abuso y/o maltrato hacia una persona mayor, es importante no normalizar lo que ocurre ni dejarlo pasar. Si existe riesgo inmediato, una emergencia o peligro para la integridad de la persona, se debe llamar al 112. Si se sospecha que puede existir un delito, también puede acudirse a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o a los servicios sociales de referencia.

    CONFEMAC cuenta con el Teléfono contra el Abuso y Maltrato a las Personas Mayores: 900 65 65 66. Es un servicio anónimo, gratuito y confidencial de información, orientación y acompañamiento dirigido a personas mayores, familiares, profesionales o cualquier persona que conozca una posible situación de abuso y/o maltrato. El servicio atiende de lunes a viernes, de 9:00 a 21:00 horas, y sábados, domingos y festivos, de 9:00 a 14:00 horas.

    Acompañar sin imponer como forma de prevenir el maltrato a personas mayores

    La prevención del maltrato a las personas mayores exige una mirada amplia, capaz de reconocer no solo las formas más visibles de abuso, sino también aquellas que se esconden tras actitudes paternalistas, decisiones tomadas sin contar con la persona o prácticas que, aunque puedan nacer de la preocupación, terminan anulando su autonomía y deteriorando su bienestar.

    El Alzheimer no debe convertirse en una razón para dejar de escuchar ni para sustituir automáticamente la voluntad de la persona. Incluso cuando la enfermedad avanza y son necesarios más apoyos, sigue siendo imprescindible respetar su historia, sus preferencias, sus deseos y su dignidad. Prevenir el maltrato implica acompañar la toma de decisiones, anticipar el futuro cuando todavía es posible hacerlo y garantizar que la persona participe en todo aquello que afecte a su vida.

    Cuidar desde el buen trato significa proteger sin anular, acompañar sin imponer y pedir ayuda cuando el cuidado supera las propias capacidades. Más allá del diagnóstico, sigue habiendo una persona con derechos. Por eso, ante una persona mayor con Alzheimer, la pregunta continúa siendo imprescindible: ¿Qué quieres tú?

    Preguntas frecuentes

    • ¿Qué se considera maltrato a una persona mayor?

      El maltrato a las personas mayores es cualquier acción u omisión que cause daño, sufrimiento o pérdida de derechos. Puede manifestarse de forma física, psicológica, económica o sexual, así como mediante abandono, negligencia o limitaciones injustificadas de su autonomía y capacidad de decisión.
    • ¿Por qué las personas con Alzheimer tienen mayor riesgo de sufrir maltrato?

      El Alzheimer puede dificultar la comunicación, la expresión del malestar o la denuncia de situaciones de abuso. Además, la dependencia progresiva de otras personas para determinadas actividades y el estigma asociado a la enfermedad pueden aumentar su vulnerabilidad y favorecer que sus necesidades o deseos sean ignorados.

    • ¿Cuáles son las señales de alerta de maltrato en personas mayores?

      Algunas señales de alerta son que otra persona responda siempre en su lugar, que se le impida hablar a solas con profesionales, que se la aísle de familiares o amistades significativas, o que cualquier queja se atribuya automáticamente a la edad o a la enfermedad. También pueden existir cambios patrimoniales o decisiones importantes tomadas sin contar con la persona afectada.

    • ¿Cómo prevenir el maltrato a las personas mayores?

      La prevención pasa por respetar la autonomía y la dignidad de la persona mayor, favorecer su participación en las decisiones que afectan a su vida y detectar de forma temprana posibles situaciones de abuso. También es fundamental ofrecer apoyo, formación y recursos a las familias cuidadoras para promover un cuidado basado en el buen trato.

    Referencias y enlaces de interés

    María José Sánchez Morilla

    María José Sánchez Morilla

    Directora-Gerente de la Confederación Estatal de Mayores Activos (CONFEMAC)

    Trabajadora social con más de una década de experiencia en el ámbito de las personas mayores. Desde 2012 desarrolla su labor en la Confederación Estatal de Mayores Activos —CONFEMAC—, inicialmente como trabajadora social y coordinadora de proyectos, y desde 2023 como directora-gerente de la entidad. Su trayectoria está vinculada a la defensa de los derechos de las personas mayores, la promoción del buen trato, la prevención de situaciones de abuso y/o maltrato y el impulso del envejecimiento activo y participativo.

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