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Hablemos del Alzheimer
El blog de la Fundación Pasqual Maragall
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La difícil decisión de ingresar a una persona con Alzheimer en una residencia


Trasladar a un ser querido con Alzheimer a vivir en una residencia no suele ser una decisión fácil y no hay opciones correctas ni incorrectas. Estas responden a las necesidades y circunstancias de cada caso.

 Algunos familiares pueden considerar que cuentan con los recursos humanos y materiales como para asegurar el cuidado permanente de la persona con Alzheimer en el hogar, mientras otros, después de evaluar sus circunstancias, entenderán que la persona afectada precisa recibir la atención que necesita en una residencia para personas con Alzheimer.

En el proceso de la enfermedad de Alzheimer, es importante contar con la información necesaria para tomar la decisión más adecuada en cada momento y hay que intentar evitar dejarse condicionar por prejuicios o por ideas preconcebidas.

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Residencia para personas con Alzheimer: conocer las alternativas para tomar una decisión

Dentro de la oferta de residencias, existen diversas opciones. Algunas ofrecen tanto estancias temporales, como permanentes, pero siempre de 24h (diurna y nocturna). Las estancias temporales pueden ser usadas como un periodo de respiro para el cuidador, un tiempo para descansar física y mentalmente, pero también como una etapa de prueba inicial antes de decidir sobre si la residencia es el recurso que necesita el cuidador y la persona con Alzheimer en ese momento.

Todas las residencias ofrecen unos servicios básicos (como atención médica y nutricional), a los que se pueden añadir otros complementarios, como fisioterapia, talleres de estimulación cognitiva, programas para la integración social y otros servicios diversos, como peluquería o pedicura.

A la hora de decidir por qué servicios complementarios optar, es conveniente tener en cuenta las condiciones físicas y mentales de la persona con Alzheimer, pero también sus gustos previos y su actitud actual hacia las actividades que se desarrollan en la residencia. Es importante pedir toda la información que se necesite sobre las actividades y servicios a los profesionales de la misma residencia.

También es importante conocer que, además de las residencias, existen otros recursos sociales de ayuda que pueden ser valorados, como la asistencia domiciliaria (una persona acude al hogar a realizar tareas de ayuda, como el aseo de la persona con Alzheimer) o los centros de día, a los que se puede acudir un número limitado de horas durante el día, con diferentes opciones de asistencia: mañanas, tardes, mañana y tarde, varios o todos los días de la semana...

El dilema de optar o no por una residencia para una persona con Alzheimer

Las residencias son el recurso que suele generar más dudas e, incluso, malestar entre los cuidadores y familiares de personas con Alzheimer. Cuando se ha optado por el ingreso, muchos pueden llegar a experimentar culpabilidad y, al mismo tiempo, sentimientos de liberación. Son reacciones ambivalentes y normales dada la situación. Es importante expresarlas para así, poder recibir ayuda si se precisa.

Por una parte, los cuidadores y familiares que han decidido internar a su ser querido con Alzheimer en una residencia, pueden sentirse culpables por percibirlo como si le estuvieran abandonando, o albergar ideas preconcebidas  y dudas respecto al tipo de atención y/o cuidados que el allegado pueda recibir en este tipo de centros (habitualmente, en sentido negativo).

Pero a la vez puede experimentarse la sensación de que la situación sobrepasa los límites de nuestros recursos personales y de que la residencia, más que una alternativa, es un paso inevitable para poder garantizar la adecuada atención a la persona enferma. La residencia suele plantearse como una opción de último recurso cuando la enfermedad se hace o se percibe como insostenible, y es usual que las familias se muestren  reticentes.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que las residencias son centros especializados en los que la persona con Alzheimer recibirá no solo cuidados básicos como el aseo o la alimentación, sino también atención específica de diversos profesionales, como puede ser de la psicología o la fisioterapia además de proporcionarle un espacio seguro para el desarrollo de sus actividades cotidianas y para la socialización. Trasladar a una persona con Alzheimer a un centro residencial puede permitir que el cuidador y los familiares pasen más tiempo de calidad con la persona afectada, ya que los momentos que estarán juntos no serán dedicados a los cuidados del día a día, facilitando la interacción afectiva de una forma más relajada.

La realidad es que no hay decisiones correctas ni incorrectas, ni un momento particularmente indicado para hacer uso del recurso de la residencia. Es una decisión particular en cada caso y debe estar motivada por las circunstancias y las posibilidades de cada caso. Puede resultar la mejor opción cuando la situación no permita proveer a la persona con demencia de los cuidados y asistencia que precisa.

Dada la relevancia de la decisión, antes de tomarla de forma concluyente y optar por una residencia en concreto, es muy importante asesorarse sobre ayudas, recursos, tipos de residencia, ubicación, servicios, costes, etc. y visitar varias para disponer de información de contraste.

Es clave saber de qué recursos sociales disponemos, qué utilidad tienen y cuándo nos pueden resultar de utilidad. Para algunos, una persona que ayude unas horas a la semana en casa, puede ser suficiente y, para otros, una residencia será la mejor opción.

Dada la complejidad de este tipo de decisión, es importante considerar la situación desde una perspectiva lo más objetiva posible, sopesando toda la información, y alejándonos de prejuicios y sentimientos de culpabilidad. Siempre que se priorice el bienestar de la persona con Alzheimer y se consideren las necesidades y posibilidades de atenderla adecuadamente, la decisión estará bien tomada.

Categorías: Consejos para afectados y cuidadores

25.04.2019

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