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Síntomas conductuales del Alzheimer

Síntomas conductuales del Alzheimer


Hemos hablado de los síntomas cognitivos del Alzheimer, pero la enfermedad también puede presentar una serie de síntomas de conducta.

De partida, debemos tener claro que los síntomas del Alzheimer, tanto los cognitivos como los de conducta, afectan a la realización de las actividades de la vida diaria.

Si aprendemos a identificarlos y los conocemos de cerca nos resultará más fácil adaptarnos a las necesidades y capacidades de la persona enferma según la fase de la enfermedad en la que se encuentre.

¿Cómo se manifiestan los síntomas conductuales del Alzheimer?

Los síntomas de conducta del Alzheimer son los que más ansiedad y sensación de sobrecarga pueden provocar en su cuidador.

Estos cambios de comportamiento pueden estar directamente relacionados con las lesiones cerebrales provocadas por la enfermedad. Sin embargo, en determinadas fases también median la frustración y la irritabilidad que produce en las personas afectadas la percepción de sus dificultades para llevar a cabo sus actividades cotidianas. Además, las reacciones de las personas de su entorno ante algunos síntomas de la enfermedad también pueden afectar su forma de comportarse.

Los síntomas conductuales son habituales en la enfermedad de Alzheimer, pero es importante que permanezcamos atentos, tanto a su aparición como a su desarrollo. Estar alerta cuando se manifiesten nos puede permitir realizar cambios en el entorno del enfermo, tanto de tipo físico como humano, que pueden ayudarnos a gestionarlos de una manera más eficaz. Por ejemplo, si la persona enferma está confusa y cree que está en un lugar distinto del que se encuentra, adoptar una actitud empática hacia ella, sin intentar convencerla de que está equivocada y tratar de distraer su atención hacia algo que le agrade, puede evitar reacciones de irritabilidad o inquietud.

Si además los síntomas aparecen de manera repentina, en horas o días, y suponen un cambio importante en el comportamiento habitual de la persona, se hará imprescindible una valoración médica. En ocasiones hay un malestar físico, generado por un cuadro vírico o una infección, que la persona enferma no sea capaz de expresar.

Observar y registrar los detalles y circunstancias que puedan estar en la base de las alteraciones de conducta nos facilitará realizar las adaptaciones necesarias. A la vez, será también una información muy útil para que el médico pueda valorar el tratamiento farmacológico más adecuado si fuese preciso.

Hay síntomas del Alzheimer de conducta muy comunes. Aunque puede que no todos se manifiesten de la misma manera ni intensidad en todas las personas. 

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Tristeza, apatía y ansiedad

Estar triste o con el ánimo deprimido es unp de los síntomas conductuales típicos de la enfermedad de Alzheimer. A menudo, en fases iniciales de la enfermedad, esto puede ser un tanto desconcertante para los familiares, ya que una depresión puede cursar con deterioro cognitivo pero, al mismo tiempo, la conciencia de deterioro que pueda tener quien lo padece contribuye a su estado de ánimo deprimido.

La apatía es frecuente entre los primeros síntomas de la enfermedad y, a menudo, perdurará, tal vez de forma fluctuante, a lo largo de todo el proceso. Los pacientes pierden la motivación y la iniciativa, se pueden mostrar introvertidos y aislarse, a menudo para apartarse de determinadas situaciones que les generan confusión o para no enfrentarse a su incapacidad para gestionarlas.

Ante las dificultades para prever lo que puede suceder, las personas con Alzheimer presentan a menudo ansiedad. Pueden así mostrar temores irracionales como, por ejemplo, a quedarse solos cuando todavía tienen capacidad para estarlo o, en fases avanzadas, requerir la presencia constante de su cuidador.

Agitación y actitudes desconcertantes

La desorientación puede llevar al enfermo a deambular erráticamente y sin razón aparente, en busca de referentes para ubicarse.

La agitación y las actitudes inapropiadas también son un síntoma de conducta típico que genera desazón e intranquilidad en el cuidador y requieren de un aumento de su atención. La persona enferma repite constantemente una misma actividad o cambia de lugar las cosas sin motivo aparente. También pueden aparecer episodios de comportamientos inapropiados, desinhibición sexual y agresividad.

Es posible que las personas que sufren Alzheimer tengan reacciones desproporcionadas (gritos, lloros, enfados…) ante situaciones que les resultan frustrantes y que no son capaces de gestionar.

Las personas enfermas pueden también creer, por ejemplo, que su comida está envenenada o que alguien les ha robado si no encuentran sus cosas. Este tipo de delirios pueden ser difíciles de reconducir ya que a menudo hacen que el enfermo desconfíe de las personas que lo rodean. Una vez más, la mejor forma de gestionar estas situaciones es la empatía, evitar enfadarnos e intentar ver las cosas desde su perspectiva.

En algunos casos, pueden aparecer alucinaciones, que se distinguen por ser experiencias sensoriales vividas como si fueran reales, por ejemplo oler humo, oír voces o ver bichos.

Trastornos del sueño

A medida que nos hacemos mayores, nuestros patrones de sueño van cambiando. Y esto se acusa todavía más en las personas con Alzheimer.

Al anochecer, los enfermos pueden sentirse más confusos y agitados. Se desconoce la causa pero puede estar relacionado con el cansancio, la falta de luz o el aumento de las sombras. Durante la noche se producen más despertares, de modo que durante el día puede existir somnolencia y necesidad, por parte del enfermo, de hacer alguna siesta. Puede que, si se levantan durante la noche, al sentirse desorientados, hagan cosas como vestirse, intentar salir a la calle o comer.

 

Categorías: Alzheimer

16.08.2017

Nuevo llamado a la acción

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