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Hablemos del Alzheimer
El blog de la Fundación Pasqual Maragall
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Cuáles son los síntomas en la última etapa del Alzheimer


Cuando el Alzheimer avanza y se aproxima a su última fase, el deterioro cognitivo y funcional es ya muy acusado. La persona ya necesita ayuda incluso para las actividades más básicas, hasta llegar a ir perdiendo la capacidad para hablar y comunicarse. Por otro lado, el cuidador principal, así como otras personas del entorno próximo suelen anticipar el duelo que supone el final del proceso, el de la pérdida física del ser querido, a quien ya ha ido perdiendo simbólicamente en el progresivo avance de la enfermedad.

Guía "Duelo y Alzheimer: sobrellevar el duelo durante y tras el proceso de la enfermedad"

Cómo se afectan las capacidades y las actividades de la vida diaria en la fase final de la enfermedad 

Existen dos sistemas de clasificación de la evolución del Alzheimer. El primero divide el proceso de demencia en tres fases: leve, moderada y grave. El segundo se fundamenta en la escala GDS (Escala de Deterioro Global, del inglés Global Deterioration Scale) y distingue entre siete etapas. La fase GDS 7 es, pues, la terminal y conlleva un deterioro cognitivo y funcional muy grave.

La duración de esta etapa, como todo el proceso de la enfermedad, es muy variable, pudiendo oscilar de meses a varios años. En la última etapa del Alzheimer la persona afectada:

  • Requerirá la ayuda de terceras personas para llevar a cabo actividades cada vez más básicas, como comer, caminar e, incluso, al final, mantenerse erguido, requiriendo cuidados las 24 horas del día.
  • También presentará una total pérdida del control de esfínteres, tanto urinarios como fecales. La capacidad de comunicación se verá gravemente afectada, puesto que, poco a poco, se va perdiendo la inteligibilidad del habla y se va cayendo en un silencio progresivo. 

En esta fase de la enfermedad los esfuerzos del cuidador deberían orientarse a procurar el máximo bienestar y calidad de vida posibles. Dada la grave alteración de la comunicación, se deberá recurrir a formas de comunicación no verbal, que favorecerán la posibilidad de conexión con la persona con Alzheimer. Así, será muy importante potenciar el contacto físico (tomar la mano o el brazo, acariciar la cara, dar besos...) y la comunicación paraverbal, que incluye la entonación, el volumen o el ritmo del habla. Hay que tener en cuenta que, aunque parezca que la otra persona no puede ya comprender, le puede resultar reconfortante escuchar una voz familiar en un tono cálido y cordial. Además,  mirarle a los ojos, sonreír, cantarle o ponerle música en casa también pueden favorecer el sosiego y el bienestar. 

A pesar de las dificultades, debe prestarse siempre atención a lo que la persona está intentando comunicar, ya que los comportamientos de una persona en la última etapa del Alzheimer, más que nunca, pueden reflejar necesidades específicas, como sueño, cansancio o hambre. 

Durante esta etapa es especialmente aconsejable solicitar ayuda para llevar a cabo cuidados como los de la higiene personal, que suelen requerir un considerable esfuerzo físico rutinario. Las atenciones que la persona afectada requiere pueden superar las posibilidades del cuidador en el hogar. Ante estas situaciones, y para minimizar la sobrecarga del cuidador, es aconsejable buscar ayuda domiciliaria o valorar la posibilidad de ingreso en una residencia o centro sociosanitario.

Anticipación al duelo final por el ser querido

La enfermedad de Alzheimer supone un proceso en el que el cuidador y la familia de quien la padece se enfrentan a constantes pérdidas respecto a la persona que fue. A medida que la enfermedad avanza, la relación que teníamos con esa persona se va desvaneciendo, a la vez que aparecen nuevas dificultades que requieren de un continuo esfuerzo de adaptación por parte del cuidador y otras personas de su entorno próximo.

Esta pérdida de la fluidez en las relaciones con el entorno viene dada por la reducción de las capacidades cognitivas, los cambios en la personalidad y la pérdida de la autonomía. Vivir en primera persona este “duelo en vida” contribuye a la concienciación anticipada de la pérdida final que, no por ello, será menos dolorosa. 

El proceso de duelo por un ser querido con Alzheimer ya se inicia con el diagnóstico e implica recorrer distintas fases (no necesariamente todas ellas o en el mismo orden), varias veces a lo largo de la evolución de la enfermedad, siendo preciso hacer frente a emociones y sentimientos que, a menudo, pueden ser ambiguos. 

Categorías: El Alzheimer

10.08.2021

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