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Hablemos del Alzheimer
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Los problemas del lenguaje o la afasia en la enfermedad de Alzheimer


Uno de los síntomas cognitivos de la enfermedad de Alzheimer es la pérdida de capacidad para expresarse y para comprender el lenguaje. Es lo que, en términos especializados, se conoce como afasia. En esta enfermedad, esta alteración del lenguaje aparece de forma gradual, haciendo cada vez más difícil la comunicación con la persona afectada. Normalmente, las alteraciones del lenguaje verbal se manifiestan, de forma más o menos simultánea, con las del lenguaje escrito (en este caso, se llama agrafia, apareciendo también dificultad para representar las letras y números adecuadamente).

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La afasia afecta tanto a la expresión como a la comprensión 

Con la enfermedad de Alzheimer, el lenguaje se ve alterado, progresivamente, tanto en la expresión como en la comprensión:

  • El lenguaje expresivo se refiere a la capacidad de hablar y ser entendido. En fases iniciales, pueden aparecer dificultades para encontrar las palabras adecuadas, provocando silencios o bloqueos cuando la persona afectada se expresa. Con la progresión hacia la fase moderada, se hará cada vez más frecuente y, para compensarlo, es habitual que se den rodeos para indicar una palabra (técnicamente, circunloquios), que se emplee una palabra por otra (parafasias), incluso que se empleen palabras no existentes, inventadas (neologismos).

    Cuando se alcanzan fases avanzadas, el lenguaje expresivo se ve limitado a un número reducido de palabras y la persona afectada por la afasia del lenguaje puede farfullar o murmurar, siendo francamente difícil, incluso imposible, entender lo que está diciendo. 

  • El lenguaje receptivo, por otro lado, es la capacidad de entender a los demás. Al principio, la falta de comprensión está muy ligada a la dificultad para retener y procesar información a corto plazo, por lo que las cuestiones complejas, frases largas, conversaciones con mucha información, etc. van a provocar que su comprensión global se vea limitada. Más adelante, muchos términos y vocablos van dejando de tener significado para la persona con Alzheimer. 

    La interpretación del lenguaje no verbal, los gestos, las expresiones faciales, el tono de voz, está mucho más conservada respecto al verbal a lo largo de toda la enfermedad. Por eso, es clave acompañar muy bien de todos estos elementos la comunicación. 

En la mayor parte de los casos, las dificultades para expresar y comprender no corren paralelas. Así, una persona puede entender más de lo que es capaz de decir o, al contrario, hablar bastante bien pero comprender poco de lo que se le dice. Por esta razón, es importante tener la precaución de no decir nunca ante la persona enferma cosas que no queremos que oiga o comprenda, así como no hablar nunca en su presencia como si no estuviera. 

La afasia, además, no es un buen indicador del grado de pérdida de otras funciones. Por ejemplo, una persona con una gran alteración del lenguaje tal vez pueda desenvolverse razonablemente bien en muchas actividades cotidianas en las que el lenguaje no sea esencial para su desarrollo 

Cómo actuar ante situaciones concretas de alteración del lenguaje por el Alzheimer

 

  • La persona afectada tiene mucha dificultad para encontrar las palabras adecuadas.

Ante estas dificultades hay que dar tiempo a la persona para que se exprese, no mostrar impaciencia ni completar las frases por ella. Es necesario acostumbrarse y aceptar con normalidad los rodeos que utiliza para referirse a las cosas y no corregir ni proporcionar constantemente la palabra que está buscando, lo que le puede frustrar. Hay que ser paciente y mostrar nuestra voluntad de comprenderla. Puede ayudar, si se bloquea, ofrecerle, pausadamente, palabras de forma interrogativa, para que, tal vez, pueda escoger la correcta (Por ejemplo: “¿Te refieres a la… radio?... televisión?... al ordenador?...).  

  • Lo que dice parece incomprensible y tiende a aislarse para evitar tener que comunicarse.

En estos casos, es útil animar a la persona a expresarse de formas alternativas o ampliar los canales de comunicación. Podemos animarle a señalar, a gesticular, a tocar las cosas o a las personas a las que se refiere… Pero también es clave que sus posibles interlocutores estén al corriente de sus dificultades y darles algunas indicaciones para facilitar la comunicación. 

  • La persona afectada no comprende lo que le se le explica.

Ante problemas de comprensión hemos de asegurar, en primer lugar, que la persona nos escucha y nos presta atención. Decirle las cosas lentamente y con tono suave facilitará su comprensión. Hay que intentar emplear frases cortas, con vocabulario simple, y dando tiempo a que procese una parte de la información (tratando de asegurar que la ha comprendido) antes de pasar a la siguiente. Potenciando la comunicación no verbal (señas, gestos, expresividad facial, tono de voz…) daremos más elementos de apoyo para facilitar la comprensión.

  • Muestra inquietud o incomodidad cuando se le habla.

Esta actitud puede ser a consecuencia de la excesiva sobreprotección o la tendencia al paternalismo por parte de quienes le rodean. Debemos tratar de evitar hablarle de forma  similar a cómo lo haríamos tal vez con un niño. A veces, aunque con la intención de mostrar cariño o hacer el lenguaje más comprensible, se emplean formas de expresión que pueden atentar contra la dignidad de la persona, y ésta lo puede percibir así. 

Por eso, hay que procurar huir del abuso de una entonación exagerada o el frecuente uso de diminutivos, o de dirigirnos a la persona por apelativos que, de no ser por su enfermedad, no emplearíamos con ella (“cielito”, “tesoro”, “precioso/a”...) y llamarla por su nombre o cómo siempre haya sido de su preferencia. El no cuidar estos detalles puede contribuir a que la persona con Alzheimer se retraiga y se muestre esquiva. 

  • Dice muchas palabrotas o expresiones malsonantes.

Algunas personas con demencia recurren al uso de palabras malsonantes, incluso cuando antes nunca lo hacían. Todos las empleamos en alguna ocasión, pero tenemos la capacidad de controlar su uso o reprimirlas si conviene. Cuando se altera la habilidad comunicativa, las palabrotas pueden surgir espontáneamente cuando la persona hace esfuerzos por expresarse. No es algo intencionado, sino, una vez más, resultado de las alteraciones cerebrales que sufre. En algunos casos puede ser de ayuda intentar anticiparse a las frustraciones que pueda experimentar y reducir así el estrés que pueda sentir. No obstante, la mejor forma de abordar situaciones de lenguaje malsonante es aceptar que se trata de un producto de la demencia y que la persona afectada tiene escaso control sobre ello.

Categorías: Alzheimer

18.07.2019

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