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Hablemos del Alzheimer
El blog de la Fundación Pasqual Maragall
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delirios y alzheimer

Los delirios en la enfermedad de Alzheimer


En el proceso evolutivo de la enfermedad de Alzheimer se manifiestan una serie de síntomas cognitivos y conductuales que pueden aparecer en distinto orden y magnitud en cada persona. 

Particularmente, las alteraciones conductuales son muy variables de una persona a otra y no todas tienen porqué aparecer en todos los casos. Algunas de ellas, no obstante, cuando aparecen, pueden generar bastante desconcierto en las personas cuidadoras y otras próximas a quien padece la enfermedad, como es el caso de las alucinaciones y los delirios. Sin ser lo mismo una alucinación que un delirio, en ambos casos, las personas que los padecen, tienen una experiencia de algo que no es real, aunque ellas la viven como si lo fuera.

Una de las mejores estrategias para abordar este tipo de conductas es conocerlas y comprenderlas. Dedicamos otro artículo a las alucinaciones y, en este, explicaremos cómo pueden manifestarse los delirios en el Alzheimer y cómo podemos actuar.

¿Qué son los delirios?

Los delirios son creencias falsas o erróneas, que no están basadas en ninguna evidencia, pero que se sostienen con vehemencia y firmeza, de forma que es muy difícil convencer a quien lo experimenta de su error o falsedad.

La diferencia con las alucinaciones, es que estas son percepciones sensoriales falsas, muy vívidas, con las que la persona que las experimenta interactúa o reacciona a ellas (es decir, ve, oye, huele… cosas o personas que no existen o no están presentes y actúa como si estuvieran ahí). Los delirios, en cambio, están basados en ideas, pensamientos o creencias, aunque tampoco se corresponden con la realidad.

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Todos tenemos nuestras creencias, puesto que son la base de cómo entendemos el mundo, y son muy personales, aunque a veces puedan ser erróneas o no precisas. No obstante, cuando las funciones cognitivas están preservadas, tenemos la capacidad de controlar la influencia que nuestras creencias tienen en nuestra vida y nuestro comportamiento, algo que pierden las personas que padecen alguna forma de demencia, como en el Alzheimer. Es en ese caso cuando las falsas creencias se convierten en un problema 

Los delirios en el proceso de demencia

La aparición de delirios en el proceso de demencia es muy variable. Al igual que las alucinaciones, los delirios suelen ser más frecuentes en algunos tipos de demencia que en otros. Por ejemplo, en la demencia por cuerpos de Lewy o en la debida a la enfermedad de Parkinson, son bastante más frecuentes que en la debida a enfermedad de Alzheimer.

Aun así, es probable que una persona con Alzheimer manifieste delirios en algún momento de la enfermedad. Suelen ser transitorios, durante un período, normalmente en fases moderadas o avanzadas, pero pueden ser causa de importante estrés y desconcierto para las personas cuidadoras u otras del entorno próximo. 

Los delirios se producen a consecuencia de la patología cerebral propia de la enfermedad y de sus alteraciones cognitivas. Pero hay que tener en cuenta también que hay algunas posibles causas desencadenantes que, actuando sobre ellas, se puede contribuir a minimizar su aparición. Por ejemplo un entorno con excesiva estimulación debido a: 

Estos y otros factores, pueden favorecer que la persona con Alzheimer manifieste delirios a partir de una interpretación errónea de algunos hechos. 

Algunas formas posibles delirio en el Alzheimer

El delirio puede manifestarse de muy distintas formas. Explicamos aquí algunos de los que, con cierta frecuencia, aparecen a lo largo de la evolución de la enfermedad de Alzheimer, que suelen estar bajo la forma de la llamada “paranoia” o “delirios paranoides”.

Sentir que se le quiere perjudicar o hacer daño

A menudo, los problemas de memoria característicos de la demencia y la confusión que se pueden generar, están en la base de una actitud de sospecha y desconfianza de la persona con Alzheimer hacia los demás que, cuando toma un cariz de firme creencia sin estar sustentada en la realidad, se convierte en un delirio paranoide.

Por ejemplo, la persona tal vez no recuerda dónde ha dejado su monedero o cualquier otro enser personal. Pero, debido a la falta de conciencia de su propia enfermedad y de sus síntomas (lo que se conoce como anosognosia), explicará su pérdida al hecho de que alguien le ha robado, y estará firmemente convencida de ello. 

Otra expresión del delirio paranoide, entre las distintas formas en que puede mostrarse, puede ser interpretar que las pastillas que se le dan para que tome suponen un intento de envenenamiento, por no comprender que son el tratamiento de una enfermedad que no reconoce. O pensar que le quieren envenenar con la comida, y negarse a comer

Síndrome de Capgras o creer en una suplantación de identidad

Esta es una forma específica de delirio que, aunque es más frecuente en otras formas de demencia, como en la enfermedad por cuerpos de Lewy, también puede aparecer en la enfermedad de Alzheimer. El síndrome de Capgras forma parte de los llamados “síndromes de falsa identificación” y consiste en creer que un ser querido es a veces suplantado por un impostor o un doble idéntico a él. Con frecuencia, la “suplantada” o “duplicada” es la persona cuidadora principal.

Otras conductas derivadas de un posible delirio a causa del Alzheimer


  • Pensar que su pareja le es infiel
  • Creer que un extraño vive en su casa
  • Esconder las pertenencias personales para ponerlas a buen recaudo
  • Llamar a la policía para denunciar un robo inexistente
  • Negarse a abrir la puerta o atender llamadas telefónicas

Hay que tener en cuenta que la realidad que percibe la persona con Alzheimer suele ser otra muy distinta a la nuestra. Por ello, es normal no comprender el motivo del delirio, ya que muchas veces escapa a toda lógica aplicable. A resultas de estas creencias, la persona con delirios puede acusar a alguien, a menudo de su entorno próximo, de estar urdiendo estas artimañas hacia ella, mostrándose a menudo irritable o, incluso, agresiva.  

¿Cómo actuar ante los delirios de una persona con demencia?

Tal y como hemos explicado, los delirios son ideas firmes que no están basadas en la realidad, pero, para la persona con demencia, son totalmente ciertas y no suele responder como esperaríamos a argumentaciones basadas en la razón. 

Aunque no existe ninguna fórmula infalible, sugerimos aquí algunos consejos para abordar estas situaciones

  • Mantener la calma. Aun siendo conscientes de que las falsas acusaciones y la actitud huraña por parte de la persona con Alzheimer puede ser dolorosa y difícil de encajar, es importante recordar constantemente que no es una cuestión personal y que su conducta está mediada por la enfermedad
  • No discutir. Como firme creencia y para ella totalmente real que es, la persona que tiene el delirio no va a cambiar de idea por mucho que se le intente argumentar desde la lógica. 
  • Dar seguridad. Sin entrar a darle la razón, tratar de actuar de forma que sienta que se le ayuda a buscar lo que cree que le han robado, a obtener algo igual (por ejemplo, procurando tener, siempre que sea posible, artículos de sustitución), o mostrándole qué medidas tomamos en casa para prevenir la entrada de extraños. 
  • Mostrar afecto. Muchas creencias delirantes generarán angustia y sensación de desprotección a la persona con Alzheimer, que a veces pueden verse disminuidas desde un trato afectuoso. Pero que, a la vez, refuerce la seguridad, con expresiones como “debe ser terrible la sensación de que te quieren hacer daño, pero yo te cuidaré para que eso no suceda, porque te quiero mucho”.
  • No hacerle broma ni reñirle. Una vez más, por disparatadas que parezcan sus ideas, hemos de recordar que, para la persona con demencia, son totalmente ciertas. 
  • Distraer su atención. A menudo, una de las estrategias que ayudan a que se evada de su falsa creencia es implicar a la persona en alguna actividad que sea de su agrado y, particularmente, relajante, como puede ser escuchar música personalmente significativa. 
  • Actuar desde la empatía. Tratar de ponerse en su lugar y comprender que su realidad es muy distinta a la nuestra, haciendo el esfuerzo de trasladarse a ella. Ello ayudará a comprender que sus emociones y sentimientos son consecuencia de lo que la persona está viviendo como una realidad.
  • Compartir con otros la inquietud y controlar la ansiedad. Ciertas formas de delirios pueden suponer un gran desasosiego para los familiares y, particularmente, para quienes cuidan a la persona con Alzheimer. Por eso, es importante compartir con otros las emociones o sentimientos que estas situaciones generan y recurrir también a técnicas para controlar la ansiedad.

La conducta delirante como señal de alerta

Aunque pueden ser parte de la sintomatología propia de la enfermedad de Alzheimer, no hay que subestimar los delirios, particularmente cuando su aparición súbita o reiterada en determinados contextos puedan resultar sospechosos de:

  • Un cambio en el estado general de salud (tal vez debido a una infección o a otro problema médico) o un efecto secundario de alguna medicación, que pudiera desencadenar un síndrome confusional. Si se tiene alguna duda al respecto, es importante solicitar una consulta médica cuanto antes.
  • Una posible situación de abuso, engaño o cualquier otra forma de trato inadecuado hacia la persona con Alzheimer. Particularmente cuando no se vive o no se pasa todo el día con la persona con demencia, no hay que desestimar automáticamente la posibilidad de que, realmente, pueda estar siendo víctima de alguna mala práctica. Es recomendable, ante según qué mensajes, realizar una discreta indagación en su entorno, sin culpabilizar a nadie a priori, antes de asumir directamente que son fruto de un delirio.

La coexistencia de delirios y Alzheimer puede ser un tándem de compleja gestión para las personas cuidadoras debido a que los diversos episodios de creencias falsas pueden llegar a ser preocupantes y frustrantes, por lo que es importante pedir ayuda cuando la situación es difícil de abordar.

Categorías: Consejos y cuidados

22.08.2023

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Acerca del autor

En la Fundación Pasqual Maragall investigamos la detección y prevención de la enfermedad de Alzheimer, promocionamos un envejecimiento saludable y trabajamos para mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y cuidadoras.

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